viernes, 1 de diciembre de 2006

El Reino de los Cielos


La tan traída y llevada película “El Reino de los Cielos”, con sus posibles errores y aciertos históricos, nos sirve para reflexionar sobre el origen de muchos de los problemas de la actualidad. En mi opinión, aparte del divertimento, uno de los objetivos de este largometraje es demostrar cómo, independientemente de quién “viera antes” Tierra Santa, la gran mayoría de los implicados en las cruzadas eran unos fanáticos asesinos ignorantes. Nos quedan dos minorías: los mercaderes y banqueros europeos que las promovieron para recuperar las rutas del comercio, y unos pocos incomprendidos que no veían demasiadas diferencias entre el Islam y el Cristianismo e intentaron hacer de Jerusalén una ciudad en la que reinara el entendimiento y la concordia. Varios siglos después, estamos en las mismas: judíos, cristianos y musulmanes continuamos empeñados en ver nuestras pequeñas diferencias y obviar nuestros enormes parecidos (todos somos hijos de Abraham, es decir, hermanos); españoles, catalanes, vascos, etc. seguimos encabezonados en separarnos los unos de los otros, cegados por un vano orgullo que no nos deja ver que, tras milenios de emigraciones y mestizajes, ninguno somos lo que creemos ser ni venimos de donde creemos venir en esta Torre de Babel global. Nada ha traído más muerte, destrucción y pobreza que la religión y el nacionalismo; nada supone mayor desprecio a los regalos que nos han sido dados: la vida, la inteligencia, la Tierra. Tanto la una como el otro necesitan oprimir a los demás para afirmarse, ya que por sí solos carecen de una base lógica, además de estar podridos por sus propias mentiras. No importa cuántas generaciones pasen, seguimos sin aprender de la Historia y aferrándonos a fundamentalismos e integrismos sin fondo ni razón que sólo nos abocan a la desgracia; seguimos prefiriendo, citando otra película, “el lado fácil”, el de la ignorancia, y dejarnos manipular por minorías con intereses muy poco recomendables. Siguiendo con las referencias cinematográficas, en una reciente trilogía de gran éxito, un “elegido” lucha contra un enemigo extraño que califica a los hombres de “virus” que debe ser exterminado. Quizá tenga razón, quizá este mundo estaría mejor sin nosotros y nuestro soberbio etnocentrismo.

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