miércoles, 14 de febrero de 2007

Democracia entre comillas


Hay gente a la que se le llena la boca con la palabra “democracia”, aunque suelen identificarla con la libertad de voto, que no es lo mismo (no es el pueblo quien “castiga” al gobierno, sino los “lobbies” o grupos de presión). Como buenos prosélitos, repiten como un mantra profundamente inculcado que EE. UU. es una democracia arraigada y la tierra de las libertades, para después compararlo con las decenas de millones de muertos ordenadas por aquellos psicópatas que se hacían llamar comunistas. Jamás deberíamos olvidar las matanzas nazis y soviéticas si queremos evitar que vuelvan a ocurrir (“estudia el pasado si quieres conocer el futuro”, enunció Confucio, y “si quieres conocer el futuro, mira el presente que es su causa”, dicen en Japón). Lo que no es coherente es hacer una distinción entre buenos y malos, colocando a EE. UU. entre los justos. La tan admirada democracia se ha convertido en un imperio llevando a cabo (sin mancharse las manos, eso sí) las mismas injusticias y los mismos genocidios que perpetraron los Stalin, Mao, Pol Pot, etc. Aunque los demagogos se empeñen en llamarlos “demonios menores”, desde los exterminios de los pieles rojas de los primeros colonos hasta el apoyo por parte de Bush y su corte a la familia Bin Laden y al régimen wahabita de Arabia Saudita, hemos visto (por destacar brevemente unos pocos ejemplos) cómo William Randolph Hearst manipulaba el hundimiento accidental del Maine en Cuba para poder declarar la guerra a España, cómo Henry Kissinger (risible premio Nobel de la Paz), no contento con instigar la guerra de Vietnam e instaurar las más sanguinarias dictaduras de África, Asia y Sudamérica, organizaba el golpe de Estado de Chile y los subsiguientes asesinatos, o cómo Ronald Reagan financiaba a los talibanes de Afganistán para que combatieran a la U.R.S.S. y a Saddam Hussein para que luchara contra Irán, todo ello en aras de “defender la democracia en el mundo”. Ejemplos parecidos se podrían aportar de Francia e Inglaterra si tuviera más espacio (todos los imperios se han construido de forma despiadada), pero no servirían de nada si no aprendemos a pensar por nosotros mismos, permitimos que nos laven el cerebro y nos dedicamos a cacarear las consignas que otros necesitan para sus propios intereses.

domingo, 4 de febrero de 2007

Spanglish


Hoy en día es vital desenvolverse bien con la lengua inglesa; aunque no es la más hablada en el mundo, sí que es la más utilizada internacionalmente. En este sentido, en España somos muy afortunados, puesto que nos gusta tanto el inglés que, poco a poco, estamos sustituyendo nuestro castellano por la lengua de Shakespeare (o Beckham, que es más “fashion”). Si en inglés dicen que en un evento determinado se puede utilizar “casual wear”, pues nosotros cambiamos nuestro “vestuario informal” por “ropa casual”; si utilizan la expresión “state of the art” para referirse a una novedad tecnológica, sustituimos “vanguardia” por “estado del arte”; si dicen “implementation”, reemplazamos “implantación” por “implementación”; si utilizan el verbo “list”, nosotros cambiamos “enumerar” por “listar”; si utilizan la expresión “sooner or later”, nosotros preferimos decir “más pronto que tarde” en vez de “tarde o temprano”; si dicen “remove”, cambiamos nuestro “quitar” o “eliminar” por “remover”; si dicen “report”, sustituimos “informe” por “reporte” (incluso nos chirrían las neuronas al leer “reportando al Director Financiero” en el suplemento Infoempleo); y si Max Von Sydow contesta “I haven’t got a clue” en una entrevista con XL Semanal, lo traducimos por “no tengo ni una pista” en vez de “no tengo ni la más remota idea”, o algo similar. Así es todo mucho más fácil, ¿verdad? Y también más grotesco.