viernes, 15 de junio de 2007

Corrupción institucionalizada


Aunque llevamos muchos años asistiendo a sonados casos de corrupción, cada vez más frecuentes y espectaculares, nunca ha dejado de sorprenderme la manera en que nos escandalizamos ante ellos y el modo en que aborrecemos a sus protagonistas, ya sean éstos políticos, empresarios, funcionarios, etc. Y no deja de asombrarme, porque en este país la corrupción está totalmente institucionalizada. Sin ánimo de ofender a las honrosas excepciones que confirman la regla, en general todos los españolitos aprovechamos cualquier oportunidad que se nos presente para sacar un dinerillo extra o reducir gastos: “apaños” con tasaciones e hipotecas, pagos en los que nos hacen el “favor” de no expedir la correspondiente factura para no declarar el IVA, “contabilidad creativa” para abonar menos impuestos, etc. Si alguna vez les ofrecen realizar algún desembolso en dinero “B”, o cualquier otra triquiñuela para pagar menos, observen la perplejidad, incomodidad e incluso desprecio causados en caso de rechazar el ofrecimiento. Incluso existen empresas dedicadas a asesorar a sus clientes para que eviten a toda costa el pago de cualquier tasa o gravamen, normalmente por medio de la apertura de cuentas, realización de inversiones o creación de empresas en paraísos fiscales. Y si existen estos “edenes”, auténticas fábricas de pobreza global, es porque hay demanda de ellos. En mi opinión, la única razón por la despreciamos a los protagonistas de los escándalos más espectaculares es por envidia (nuestro deporte nacional): porque han conseguido robar más y mejor que los demás.

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