miércoles, 5 de septiembre de 2007

A Dios rogando y con el mazo dando


Acabo de leer (y compartir) las quejas de dos vecinos de Burgos sobre el estado en el que se encuentra nuestro Paseo de La Quinta, cada vez más deteriorado debido a los destrozos y basura que generan unos despojos cuando celebran sus botellones. Aparte de comentar que puedo constatar de que estos sociópatas son sólo una minoría, ya que gran parte de los “botelloneros” no dejan apenas restos tras su actividad de ocio (salvo en sus cerebros e hígados), me gustaría explicar que, hasta que no comencemos a obrar con el ejemplo, sería mejor dejar de quejarnos de las tropelías de estos vándalos.
Uno: desde hace bastante tiempo, existe una norma que prohíbe encender cualquier tipo de fuego en parques, jardines, bosques y demás; sin embargo, raro ha sido el día durante este período estival en el que no se ha visto a algún insensato obviando el peligro de incendio.
Dos: son evidentes los estragos del efecto invernadero, las sequías, el exceso de consumo energético, etc.; sin embargo, sigue aumentando la venta de vehículos tipo “Tormenta del Desierto” de escandalosos consumos y emisiones de CO2 (y encima se quejan de que les vayan a aumentar el IVTM, aduciendo que la solución para reducir las emisiones sería eliminar dicho impuesto –que expliquen cómo y porqué), se sigue derrochando agua a mansalva (para empezar, desde nuestro incompetente Ayuntamiento, que sigue regando nuestros parques a destiempo y con sistemas inapropiados o defectuosos que desaprovechan gran parte del agua –y además duchan a los viandantes), continúa creciendo la venta de equipos de aire acondicionado en una ciudad en la que –no nos engañemos– maldita la falta que hace (aunque claro, como copiamos en todo a los EE. UU., ya estamos cogiendo la costumbre de mantener comercios, viviendas, coches, etc. a 18 ºC en verano y a 28 ºC en invierno: ¡hombre claro, a ver si no voy a poder ir en pantalón corto y camiseta en mi propia casa, aunque en la calle esté nevando!), etc.
Tres: somos unos guarros; aparte del poco y mal uso que se hace de las papeleras y contenedores (por no hablar de los destinados al reciclaje, y mucho menos del aceite usado) y de tener la ruin costumbre de arrojar todo al suelo por no caminar dos metros, debería prohibirse de manera cautelar la venta de perros hasta que nos convirtamos en personas civilizadas –la mayoría de estas encantadoras mascotas tienen unos dueños que son más animales que ellos y, no conformes con llevarlos sueltos cuando saben perfectamente que está prohibido y es peligroso para todos (can incluido), no tienen ningún inconveniente en dejar las evacuaciones de sus chuchos en medio de la acera, para disfrute de los vecinos del barrio y regocijo de los despistados que las arrastran con sus zapatos.
Y cuatro. Y cinco, y seis, y siete. Tantas muestras de falta de civismo y respeto por los demás como horas que pasa uno en la calle: en el tráfico, en la limpieza, en los servicios públicos, y así “ad infinitum”.
Viendo el creciente deterioro de este precioso paseo, lo poco o nada que hace nuestro gobierno local por evitarlo y la fiebre inmobiliaria de los últimos años, no me extrañaría que prefieran dejar que se convierta en un estercolero para poder recalificarlo y construir más viviendas en la zona.

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