miércoles, 14 de noviembre de 2007

Carril-bici


Acabo de escuchar con agrado la noticia de que en Sevilla se va a multar con setenta euros a aquellos peatones que caminen por el carril destinado a las bicicletas. Al igual que ir a pie o utilizar el transporte público, la bicicleta es una manera de mejorar el tráfico y el medioambiente de nuestras ciudades. Sin embargo, al contrario que en otros países más civilizados, aquí el ciclista dista mucho de ser respetado tanto por peatones como por conductores. Si circulan por la calzada, son increpados por conductores que les recriminan que ralentizan el tráfico. Si lo hacen por la acera en aquellas zonas en las que no hay conexión entre carriles-bici, además de incumplir las ordenanzas, son reprendidos por los transeúntes (y con razón, pues les están poniendo en peligro). Y si circulan por su carril, son obstaculizados continuamente por peatones que, por alguna extraña razón, prefieren no pasear por la parte de la acera que tienen asignada. Además, reciben las regañinas e insultos de aquellos que son adelantados (si se ha tocado el timbre, porque les asustó el sonido; si no, por que les sobresaltó el inesperado adelantamiento).
¿Qué tiene el carril-bici que tanto atrae a estos viandantes? ¿Será el color? ¿Serán ganas de incumplir las normas o fastidiar a los demás? ¿Por qué no invaden también la calzada? Evidentemente, hay zonas en las que la acera es demasiado estrecha y los peatones se ven obligados a ocupar el carril de los ciclistas; en esas ocasiones, la solución es muy simple: respeto y sentido común (el menos común de los sentidos) por parte de ambos. Como en muchos otros casos en este país, las sanciones no van a corregir el problema, pero por lo menos escarmentarán a más de uno.

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