martes, 13 de noviembre de 2007

Los sueldos


Al hilo del reportaje sobre los sueldos de los españoles, discutía con mi abuela sobre si es justo que algunos deportistas cobren auténticas millonadas gracias a sus habilidades atléticas, mientras que personas que aportan mucho más a la sociedad ganan muchísimo menos o incluso no llegan a fin de mes. Según ella, un médico o un científico deberían ganar mucho más que un futbolista o un piloto de Fórmula 1, ya que contribuyen mucho más al bienestar de la ciudadanía. Yo estoy de acuerdo con ella y creo que tiene toda la razón del mundo, pero hace ya tiempo que es demasiado tarde para revertir esta situación; hace muchos años que el liberalismo salvaje (muy diferente del capitalismo que teorizó Adam Smith) se adueñó de nuestra sociedad.
En nuestro mundo materialista de hoy en día, vale muchísimo más un buen tenista o una estrella del golf que un gran cirujano o un investigador de una vacuna para la malaria (otro gallo le cantaría si desarrollara avances para el primer mundo, como la viagra, en vez de soluciones para países subdesarrollados). La razón es muy simple: el dinero; un astro del deporte, por medio de la publicidad, patrocinios, derechos televisivos y demás, genera unos ingresos infinitamente superiores a los de un doctor, y poco importa que nos estemos refiriendo a ingresos meramente económicos, muy poco valiosos para la sociedad en comparación con cualquier avance científico o social. Como comentaba recientemente Alan Greenspan, “la caída del Muro de Berlín condujo a un boom económico mundial y a un retroceso de los tipos de interés, lo cual se tradujo en una importante revalorización de los inmuebles privados. La Reserva empezó a subir los tipos en 2004. Esperábamos poder controlar así algunos de los excesos especulativos en el terreno inmobiliario. No lo logramos. Incluso el poder de un gran banco central fue incapaz de influir en las dinámicas globales. Nadie podía hacer nada, ni nosotros ni el Banco Central Europeo. Nos vimos impotentes. Los mercados financieros globales se han hecho demasiado grandes, complejos y rápidos para los organismos de vigilancia y regulación del siglo XX; se corrigen ellos solos, y cualquier intento de controlar un mercado que se expande a la velocidad de Internet está condenado al fracaso. No tenemos otra opción que dejar trabajar al mercado”. Es decir, que nuestro sistema económico y político se asemeja a la computadora de la película “Terminator”, que termina controlando todo e intentando eliminar a la raza humana. ¡Ah! Y si les interesa, infórmense sobre el tema de la renta básica; estén a favor o en contra, no se queden con una coletilla maniquea, indocumentada y desorientadora. Seguro que los parlamentarios que la votaron estaban muy puestos en el tema (espero que se note la ironía).

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