martes, 22 de enero de 2008

San Amaro


Soy usuario de San Amaro prácticamente desde su apertura, y recientemente he leído en una publicación burgalesa críticas al personal de estas instalaciones deportivas, comentando su mala educación y el hecho de que no permiten que los padres accedan sin pagar a los vestuarios de las piscinas para ayudar a sus hijos que acuden a las clases de natación.
Yo voy a estas piscinas prácticamente los siete días de la semana, y frecuentemente coincido con grupos de alumnos de natación de diferentes edades, muchos de ellos acompañados por sus padres. Además, los fines de semana suelo coincidir con familias que acuden con sus hijos para pasar un rato en estas instalaciones.
En las miles de visitas que he realizado a San Amaro en estos años, jamás he visto una muestra de mala educación por parte de sus empleados hacia ningún usuario, aunque sí que he presenciado bastantes veces el caso contrario. Las personas que trabajan en estas instalaciones son amables y atentas con las personas que queremos disfrutar de ellas, e incluso van más allá de sus tareas en muchas ocasiones, ayudando ellos mismos a los niños que vienen a aprender natación con sus colegios en vez de con sus familias. Especialmente en los períodos del día en el que los padres acuden con sus hijos, demuestran una paciencia, un aguante y una "mano izquierda" admirables, puesto que el de los niños solos en los vestuarios no es el único problema, sino que las normas de civismo y seguridad a respetar en cualquier piscina son obviadas por sistema: sin ánimo de generalizar, abundan los niños que saltan prácticamente encima de personas que están metidas en el agua, se sientan en las corcheras, se cruzan en las calles, ensucian y destrozan las instalaciones a propósito, dejan los grifos abiertos, acaparan los secadores de pelo, etc. Pero claro, qué van a hacer los angelitos si sus padres no sólo no se lo recriminan, sino que les jalean o incluso les dan ejemplo cometiendo las mismas muestras de falta de urbanidad (o incluso peores, aparcando en la ínfima zona dedicada a los automóviles de minusválidos, quizás porque están más cerca de la entrada).
Si algunos usuarios trataran mejor estas fantásticas instalaciones y respetaran más al resto de la gente, no creo que sus empleados tuvieran ningún inconveniente en dejar pasar a cualquiera a los vestuarios, y además los burgaleses podríamos disfrutar de ellas durante más tiempo en buenas condiciones.

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