lunes, 4 de febrero de 2008

Sin escrúpulos


En agosto de 2004, un conductor atropelló y mató a un muchacho de 17 años que circulaba en bicicleta. Su Audi A8 circulaba a 174 kilómetros por hora en una carretera comarcal, donde la velocidad máxima es de 90, con lo que el cuerpo del joven fue lanzado a veinte metros de altura. Además, pese a realizarse la prueba de alcoholemia una hora y media más tarde, dio una tasa superior a la legal. Cualquiera pensaría que, menos de cuatro años después, estaría en la cárcel; pero nada más lejos de la realidad: para alguna lumbrera, “el hecho no revestía carácter de infracción criminal”, por lo que el caso fue sobreseído y archivado. Y, tranquilamente en la calle, demandó a los padres de la víctima 20.000 euros por los daños provocados por sí mismo en su lujoso coche.
Otra muestra más del país inhumano en el que vivimos, donde importa mucho más el dinero que la vida, el boato y la velocidad que el respeto a los demás. Lejos de sentirse responsable y apenado por la muerte del muchacho, a este individuo lo que le quita el sueño es su coche y su dinero. Si hubiese Justicia, a una reclamación como esta ni siquiera se le habría dado pábulo, o incluso habría sido castigada por ralentizar otros procesos, pero aquí y ahora puede pasar de todo.
Tal ha sido el revuelo generado por la desfachatez de este sujeto que, alegando que se siente “mancillado”, finalmente ha decidido retirar su inmoral reclamación. Esperemos que la próxima y deseable reapertura del caso por la vía penal pueda hacerle ver la diferencia entre su frívolo sentimiento de mancillamiento y el desconsolado sentimiento de pérdida, ausencia e impotencia de los padres de la víctima.

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