martes, 29 de abril de 2008

Un país de chiste


Acabo de recibir una de esas presentaciones que circulan por correo electrónico. No sé si quienes las reenvían despreocupadamente son conscientes del peligro que ello supone para su intimidad y la de sus destinatarios, pero no es eso de lo que quiero hablar.
Esta presentación contiene un chiste titulado «las tres ofertas»: un alcalde pide presupuesto para pintar la fachada del ayuntamiento y recibe ofertas de un marroquí (tres millones), un colombiano (seis millones) y un español (nueve millones). Ante tales diferencias, se reúne con cada uno para que justifiquen sus presupuestos. El marroquí comenta que necesita un millón para dar dos capas de pintura acrílica para exteriores, otro para materiales (brochas, andamios, etc.) y otro para sueldos. El colombiano explica que, aparte de ser pintor profesional, necesita tres millones para dar sendas capas de pintura de poliuretano, dos para materiales y otro para sueldos. Finalmente, el español asegura que su presupuesto es el más justificado: «Alcalde, tres millones para ti, tres para mí y tres para que el moro pinte la fachada». ¿Adivinan qué presupuesto fue escogido? Evidentemente, el del español.
Y es que la corrupción está tan institucionalizada en nuestro país que ya hasta nos parece graciosa, salvo cuando alcanza dimensiones tales que nos escandaliza (o bien despierta nuestra envidia, no estoy seguro), o cuando creemos que afecta a nuestro propio bolsillo. Incluso he llegado a oír, quizás como intento de mantener la conciencia tranquila, que nuestra economía está tan basada en estos movimientos «sumergidos» que, si se controlasen con mayor firmeza, sería una catástrofe para nuestro país.
El problema es que no nos damos cuenta de que cualquier tipo de corrupción afecta a nuestro bolsillo: cuando el empresario contabiliza como gasto la factura del restaurante donde ha cenado con sus amigos, el Estado que financia nuestra Sanidad y nuestra Educación está recaudando menos impuestos por los beneficios de su empresa, luego este señor nos está defraudando a todos; cuando el empleado que causa baja voluntaria en la empresa acuerda un despido pactado, el subsidio por desempleo que va a cobrar ilícitamente sale de las arcas del Estado que se ocupa de la Seguridad y la Justicia; cuando las empresas españolas establecen sus domicilios en paraísos fiscales para no pagar impuestos, se están riendo del resto de los ciudadanos que pagan religiosamente unos tributos cada vez más regresivos.
Y así sucesivamente hasta llenar páginas y páginas: fraudes con las ayudas al alquiler (yo alquilo mi piso a tu hijo y tú alquilas tu piso a mi hijo; o yo te alquilo mi apartamento, pero la ayuda me la das a mí), con las viviendas de protección oficial (yo te la adjudico, pero tú me pagas para compensar los menores beneficios que suponen estas construcciones; o yo ya tengo una vivienda, pero aún así me las apaño para que adjudiquen otra y, para más INRI, la subarriendo para lucrarme en detrimento de quienes realmente la necesitan), etc. ¡Qué risa!

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