jueves, 29 de mayo de 2008

Otra cacicada


Después del lamentable espectáculo ofrecido (pese a sus recientes disculpas) por el presidente de la Federación de tenis con su elección de sede para la Copa Davis sin contar con el capitán ni los jugadores, ahora nos llega el caso del de la de baloncesto. Salvo sorpresas de última hora, Pepu Hernández, pese a contar con el apoyo de los jugadores y la afición, apura sus últimas horas al frente de la selección de baloncesto y, desafortunadamente, no podrá estar en los Juegos Olímpicos de Pekín, puesto que está a punto de ser inoportunamente destituido por el politicastro de turno.
Estaba claro que a la Federación le disgustaba que los éxitos de la selección se identificaran con Pepu, y ya llevaban un tiempo buscando la manera de librarse de él. Los primeros roces surgieron en el Eurobasket del pasado verano: tanto técnico como jugadores se quejaron del calendario previo, de los excesivos compromisos publicitarios y de las injerencias federativas en su labor (lo cual no gustó nada al presidente, que quería aprovechar al máximo el tirón de los campeones mundiales), agravándose con la derrota ante Rusia en la final (cuando la continuidad de Hernández pendió de un hilo). Más adelante, avisando con cuatro meses de antelación (como exige su contrato), Hernández anunció que abandonaría su cargo tras la cita olímpica, con lo que podía intuirse su posible fichaje por un club; lo cual nadie piensa que pudiera interferir en su labor como seleccionador.
El último desencuentro y la excusa concluyente para decidir su destitución ha sido la no asistencia del técnico a una reunión de trabajo; reunión que ya tuvo lugar el pasado 21 de mayo con la participación de Pepu, pero que hubo de repetirse porque quien no acudió fue el presidente (quien comenta: «yo no voy a hacer mi agenda en función de los compromisos de nadie») y en la que Hernández anunció que no podría participar en el siguiente encuentro debido a un compromiso previo para dar una conferencia en Sevilla, apalabrada semanas antes.
No sé si esta «reunitis» del equipo federativo dejará trabajar a quienquiera que sea el próximo seleccionador (que es quien realmente tiene que preparar los Juegos en la cancha junto con los jugadores, no sentado a una mesa con ningún charlatán), ni si el presidente se aclarará con sus propias declaraciones (por un lado dice que  «hay mensajes electrónicos que demuestran que Pepu miente», y por otro que «todos sabían que no iba a acudir, porque tengo un email del sábado, aunque no me lo envió él a mí»), pero está claro que la Federación, por los intereses que sean, está creando una gran confusión que perjudica a todo el baloncesto español. Esperemos que no tenga consecuencias en los resultados de la selección en las Olimpiadas, aunque seguro que estos demagogos se apresurarían a atribuir la culpa a cualquiera menos a sí mismos.

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