jueves, 12 de junio de 2008

Más que crisis o recesión... cura de humildad


La reciente y decepcionante huelga de los transportistas (quienes a priori pedían eliminar intermediarios, lo cual habría favorecido a todo el país, y luego han hecho lo que todos y lo de siempre: poner el cazo —y encima saltándose a la torera los derechos de los «no alineados» e incluso pasando a alguno por la hoguera, literalmente, creyéndose legitimados por ser multitud—) ha conseguido que hasta los más recalcitrantes se resignen a utilizar la palabra «crisis». Seguramente no haya hecho más que empezar y va a ser muy dura y difícil para casi todos (como siempre, pagan justos por pecadores).
Aunque globalmente sí que sea una crisis, en nuestro caso es también un reajuste. España solía ser un país de clase media-baja, con cultura media-baja y una economía basada en el sector servicios. Eso hasta hace unos años, cuando debido a varios factores, sobresaliendo entre ellos la codicia y la corrupción, pasó a estar basada en la construcción y especulación inmobiliarias. La oferta de trabajo aumentó considerablemente (algunos puestos de trabajo ni siquiera se cubrían), y con ello la cantidad de dinero en circulación. Así, en pocos años, nos convertimos en un país de nuevos ricos, pero con cultura más baja aún, a imagen y semejanza de los «Granujas de medio pelo» de Woody Allen. No tardaron en proliferar las empresas de «créditos en 24 horas» y de «agrupación de deudas» para aquellos incautos que se empeñaban en gastar el dinero que no tenían (no vaya a ser que, aunque realmente no podamos permitírnoslo, no tengamos unas vacaciones o un coche iguales o mejores que el vecino). De repente invertía en bolsa y en inmuebles hasta el gato (algunos hasta hablaban diariamente con su broker), poniendo los ahorros de toda una vida en manos de promotores y otros elementos sin escrúpulos tipo Gescartera o Afinsa, especialistas en el timo de la estampita a gran escala, aprovechándose de su avaricia e insensatez.
Aunque muchos trataran de engañarse a sí mismos y a los demás, este boom tenía un límite, el cual ya hemos alcanzado, y los que se han forrado no son precisamente los que lo van a pagar, sino los de abajo. La única esperanza que nos queda para evitar que esto vuelva a ocurrir es no dejarnos engañar una vez más por la ambición, apostatar de nuestra fe ciega en el liberalismo y el crecimiento económico a costa de todo y de todos y dejar de escurrir el bulto echando la culpa a la clase política, cuando los mayores responsables de todo esto somos los irresponsables, corruptos y deshonestos ciudadanos, drogados con el fútbol, los reality shows y tomates varios, insensibilizados e indolentes a todas las tragedias que tenemos a nuestro alrededor.

1 comentario:

Álvaro dijo...

Avaricia, corrupción y ansiedad de nuevo rico. La verdad es que tenemos lo que merecemos, excelente post compañero. La ciudadanía anestesiada y feliz, tragando tele basura y jurgol, extasiada de sus beneficios en la década (ya creo que se puede decir ominosa...) del todo vale por un pisito. ¡No llores como especulador lo que no has sabido defender como ciudadano!