miércoles, 5 de noviembre de 2008

Un ecologista sensato y moderado


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Desde mi guarida secreta, donde me escondo por haber sido declarado «enemigo de la libertad y de la democracia» por D. José María Aznar, me pongo en contacto con ustedes para hablarles de Planeta azul (no verde), un ensayo de Václav Klaus, presidente de la República Checa, que denuncia el «alarmismo climático» que nos invade estos días, y que ha sido presentado en España por FAES, con Elvira Rodríguez (exministra de Medio Ambiente del PP, quien durante su mandato defendió lo grave del problema del calentamiento global) y Ana Botella (concejal de Medio Ambiente de Madrid, que tiene un plan contra las emisiones) aplaudiendo en primera fila.
¿Por qué me compara nuestro expresidente del Gobierno con los Stalin, Mao y Pol Pot, y dice que en otros tiempos me habrían enviado a la hoguera? Porque estoy en contra de seguir contaminando nuestro Planeta de la manera en la que lo estamos haciendo, porque no disfruto derrochando recursos y energía, porque me gusta reciclar, porque prefiero utilizar mi coche lo menos posible (y no conducir un tanque acorazado, ni comprar uno nuevo cada poco tiempo), porque me gusta la Naturaleza y respirar aire limpio, porque no creo en el desarrollo y crecimiento salvajes a costa de todo y de todos.
Claro está, estas consignas «son una simple tapadera; en realidad se trata del poder de la supremacía de los elegidos sobre el resto de nosotros, de la implantación de una única ideología correcta,» ya que «quienes defienden que el cambio climático supone una grave amenaza buscan ahogar la democracia.»
Según tan insignes caballeros, no existe tal calentamiento global y, «en todo caso, es un problema que tendrán nuestros tataranietos, no nosotros». Además, poco tenemos que ver los hombres y nuestras emisiones a la atmósfera, aunque las de CO2 hayan aumentado un 70 % en los últimos 35 años y el IPCC (más de 3000 científicos reunidos por la ONU), haya concluido que el calentamiento es inequívoco y está siendo acelerado por emisiones de origen humano. Además, «los Estados no deben hacer mucho caso de los que andan por ahí machacando con el cambio climático, porque el efecto de las medidas que proponen será demoledor para las economías nacionales.»
Pues eso, que lo primero es lo primero, es decir, la economía, aunque otros ya se encarguen de hundirla sin necesidad de aplicar ninguna medida ecologista. No hay problema, podemos seguir contaminando; de lo contrario, estaríamos «poniendo al hombre por debajo de la Tierra» (como si cuidar una casa vieja para que el techo no nos aplaste significase dar más importancia al edificio que a sus habitantes).
De todos modos, pese a contradecirse a sí mismo (firmó el Protocolo de Kioto para luchar contra el cambio climático) y a la actual ejecutiva de su partido, no me extrañan estas declaraciones viniendo de alguien que en las últimas elecciones de EE. UU. ha apoyado a una mujer aficionada a cazar osos polares (los que no se hayan ahogado ya al derretirse su hábitat natural) y a destruir el ecosistema del Estado que gobierna; aunque, afortunadamente, no haya ido más allá de hacer el ridículo junto con «Joe el fontanero» (sin licencia) y acercar el fin de su absurda carrera política.

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