jueves, 11 de diciembre de 2008

Lo que se nos avecina


Según un artículo de D. Carlos Manuel Sánchez en XL Semanal (2 de noviembre), Islandia ha pasado en pocos meses de ser un país modélico por su nivel de vida a ser reos de la ley antiterrorista británica por su insolvencia bancaria. Más adelante, intenta tranquilizarnos con algunos datos, como la Bolsa (la islandesa se desplomó un 77 por ciento en un solo día, mientras que el Ibex español perdió un 9 por ciento en su peor jornada) o la inflación (14 por ciento en Islandia contra un 4,5 en España), y afirmando que el caso español es muy distinto puesto que nuestros depósitos están garantizados y el Banco de España tiene reservas suficientes para dar liquidez.
Sin embargo, se olvida de otros datos, que sí señala Eduardo Punset en una de sus columnas unos días más tarde: la tasa de paro (la española es la mayor de los países europeos), la competitividad (cada día menor), la dependencia energética o la parálisis del sector inmobiliario.
Por otra parte, según ese mismo reportaje, en Islandia «se trabaja duro», cosa que no es tan común en España (me refiero trabajar, no a calentar la silla o pasar a formar parte del mobiliario junto con la máquina de café). Además, por seguir con las comparaciones entre ambas sociedades, el nivel de delincuencia en España no permitiría que los padres dejaran a sus bebés solos en los carricoches sin miedo a que les ocurriera algo malo, ni que la policía no llevase armas. España no es un país demasiado culto, y no creo que nadie discuta el hecho de que tampoco es nada limpio ni tranquilo.
Aunque sí tenemos algunas cosas en común (con Islandia y con la mayoría del mundo occidental): aquí también dejamos los grifos abiertos y las luces encendidas (con la salvedad de que los 320 000 islandeses tienen agua para abastecer a 600 millones y les sobra la electricidad, cosa que no ocurre en España), el aburguesamiento de la sociedad (el último chiste que circula por la Universidad de Reikiavik —«La economía va fatal. Lo mismo tenemos que vender el tercer coche»— también sería tristemente aplicable en nuestro país), el nivel de endeudamiento (España está mucho peor situada que el promedio europeo en este contexto), la avaricia, la superficialidad, el consumismo y la absurda obsesión por aparentar y por equipararnos con el vecino.
Me quedo con las declaraciones de Johanna Hardard Hlesey: «Quizá salga algo bueno de todo esto. Quizá el materialismo tenga sus días contados y nos centremos en las pequeñas cosas de la vida, las que realmente importan.»

No hay comentarios: