miércoles, 28 de enero de 2009

Rechazo a los productos israelíes



No soy del todo partidario del aislamiento de determinadas empresas como medida de presión, ya que puede traer graves consecuencias para sus trabajadores en cualquier parte del mundo, y nada más lejos de mi intención que la difusión de una lista de empresas «malas» en comparación con otras empresas supuestamente más «buenas», lo cual nunca es del todo cierto.
Sin embargo, hoy ha llegado a mis manos una lista de empresas radicadas en (o simpatizantes con) Israel. Tras el salvaje asedio al millón y medio de palestinos hacinados en la franja de Gaza, y ante la inhumana indiferencia de los políticos de Israel ante los sufrimientos de los sitiados, de ahora en adelante me va a ser muy difícil no recordar estos nombres a la hora de confeccionar mi lista de la compra:
• Fruta: mangos, melones y dátiles Carmel.
• Estropajos jabonosos: Nanas.
• Patatas: variedades Mondial, LZR (en Mercadona), Vivaldi y Desiree.
• Agua mineral: Eden (garrafas para surtidores públicos).
• Cosméticos: Revlon y Ahava.
• Bañadores: Gideon, Oberson y Gottex.
• Ropa interior: Victoria’s Secret, Warnaco, The Gap, Nike.
• Aparatos de aire acondicionado: Johnson, White Westinghouse, Airwell, Electra.
• Máquinas y productos de depilación: Epilady y Veet.
• Ordenadores: Intel.
• Telefonía: Emblaze y Partner Communications (Orange).
• Otras empresas que apoyan a Israel: McDonald’s, Timberland, Garnier, Hugo Boss, Tommy Hilfiger, Calvin Klein, L’Oréal, Johnson&Johnson o Telefónica (adquiere gran parte de sus productos en Israel).
Parece que la sombra de Ariel «Los palestinos deben sufrir mucho más» Sharon es alargada. Como dice Juan Goytisolo, «¿Era necesaria tal exhibición de prepotencia militar para poner fin al lanzamiento de cohetes artesanales? ¿Conduce a una resolución del problema de seguridad de Israel, o más bien lo agrava? ¿No es contradictorio alegar la legítima defensa del Estado judío contra Hamás y Hezbolá mientras al mismo tiempo se los fomenta con una política de asfixia y destrucción de todas las infraestructuras civiles?»
Los jóvenes de los campos de Gaza viven apretujados, sin trabajo, ni distracciones, ni posibilidades de emigrar o formar una familia. Poco a poco se sienten morir en vida y su corazón se transforma en bomba. Y un día, sin avisar a nadie, correrán con un arma cualquiera a una operación terrorista suicida. No les importa morir porque se sienten ya muertos. En los Territorios Ocupados, la gente apoya más que nunca a Hamás porque han llegado a un punto en que la vida y la muerte son casi lo mismo.
Que no se confunda nadie: no estoy apoyando ni disculpando ninguna forma de terrorismo ni de violencia, simplemente estoy exponiendo, muy sucintamente y sin entrar en detalles desagradables, la penosa situación en la que vive un conjunto de seres humanos, una nación sin Estado, como posible explicación (que no justificación) de la furiosa actitud de un grupo de ellos, así como del cada vez más generalizado apoyo al extremismo, integrismo y fundamentalismo.
Sean bienvenidas todas las acusaciones posibles de antisemitismo, puesto que no estarán haciendo otra cosa sino respaldar mi posición y mis razonamientos. Vaya por delante mi respeto al pueblo judío, así como mi admiración a sus colosales aportaciones a la Cultura y al progreso. Otra cantar es el nacional-sionismo, que con sus muros y su brutalidad no hace otra cosa que emular y recordarnos a aquellos otros antisemitas que aterrorizaron al mundo con su locura asesina hace setenta años.

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