martes, 10 de febrero de 2009

¿En qué se parecen un banquero y una pizza?

Es el último chiste que corre por la City, el centro financiero de Londres: «¿En qué se diferencian un banquero y una pizza familiar? En que la pizza puede alimentar a cuatro personas». Como dijo Mark Twain, «un banquero es un señor que nos presta el paraguas cuando hace sol y nos lo exige cuando empieza a llover».


Con toda la desfachatez, nuestros amigos los banqueros, en boca de Miguel Martín, presidente de la Asociación Española de la Banca, nos hacen partícipes de la gran paradoja de nuestro tiempo: mientras que en el resto del mundo los bancos tienen la culpa del deterioro de la Economía, en España es al contrario; aquí, es el estado de la Economía, descalabrada por culpa del gobierno y los ciudadanos, lo que pone en peligro a unos virtuosos e inmaculados bancos, que sostienen a todo el país gracias a su esfuerzo y su solidez. Es decir, que quieren hacernos creer que la financiación de la burbuja inmobiliaria española ha sido un fenómeno completamente distinto al de otros países, cuando la única diferencia es que aquí ha sido más grave aún.


«Flaco favor le haríamos a la Economía si aumentáramos el crédito de manera irresponsable», decía también Emilio Botín, olvidándose de explicar por qué no han aplicado ese mismo principio de responsabilidad estos últimos años de bonanza. Dicen que no han cerrado el grifo de los créditos, sino que, si están concediendo menos, es por la falta de solvencia de los solicitantes. Sin embargo, hay infinidad de casos de empresas y autónomos perfectamente solventes a quienes se les están denegando préstamos con menoscabo de sus negocios, que pueden verse abocados al cierre, así como de sus empleados y de la economía española en general.
Los bancos ponen la buchaca para hacerse con el dinero que les da el Estado (dinero de todos los contribuyentes, es decir, de cualquiera menos de ellos), pero luego se lo apropian para poder vanagloriarse a continuación de los enormes beneficios que siguen consiguiendo un año más, mientras el resto del país tiene que apretarse el cinturón o incluso pierde su empleo. ¡Menuda mafia! De todos modos, nada puede reprochárseles cuando lo único que están haciendo es seguir al pie de la letra los principios que gobiernan nuestro sistema económico: maximizar su beneficio individual. Otra cosa es que decidamos de una vez coger el toro por los cuernos y darnos cuenta de que los intereses generales no pueden supeditarse a ese insaciable afán de lucro.


Hipócritamente, hablan de una necesidad de que se reduzca el endeudamiento, lo cual es en realidad absolutamente perentorio; pero es chocante que esta afirmación venga acompañada de otra en la que admiten que viven justamente de eso, de conceder créditos, es decir, del endeudamiento del ciudadano.
Además, cuentan con el apoyo incondicional e irresponsable, con sus argumentos manipulados y demagógicos, de una caterva de títeres como Intereconomía o Freemarket International Consulting. Desde este grupo de presión, Lorenzo Bernaldo de Quirós niega que Paul Krugman haya recibido el Nobel de Economía y mete la pata al intentar parecer culto calificando de injusto y ridículo que los políticos conviertan a los banqueros en los Shylocks de El mercader de Venecia (si se hubiera enterado de algo, o si hubiera leído la obra de Shakespeare, habría notado que no versa tanto de usureros y sus víctimas como de judíos y cristianos, algo que nos habría librado de esta crisis si siguiéramos siéndolo hoy en día, puesto que según la Biblia es un pecado cargar interés en los préstamos).


Mientras, en EE. UU. se suben por las paredes porque Obama quiere fijar un tope salarial de medio millón de dólares (es decir, lo que gana un mileurista en veinticinco años) a los directivos de empresas que reciban fondos públicos. ¡Pobrecitos! Por supuesto, ya se han apresurado a afirmar que la medida será contraproducente, pues «podría desatar un éxodo de talentos de las grandes firmas financieras». Y es que hay que tener mucho talento para cargarte una empresa, como por ejemplo AIG, poniendo en peligro los empleos de miles de personas, y luego gastarte 440 000 dólares celebrando el plan de rescate.
Es decir, que a la larga esta medida de Obama va a favorecer a España, pues esas privilegiadas y preclaras mentes sin duda vendrán a parar al país de la barra libre del pillaje y la especulación. Por otra parte, qué van a exigir aquí los políticos a nadie cuando ellos se dedican a comprar sillas de 2 000 euros, ventanales de 170 000 o coches de 480 000 —150.000 más que el Cadillac de Obama— (Emilio Pérez Touriño), despachos de 300 000 (Juan Carlos Rodríguez Ibarra), excursiones a La Habana de 2 millones (Anxela Bugallo), tuneado de coches de 9 000 (Ernest Benach), blogs de 262 000 y webs de 1,6 millones (Jordi Hereu), inauguraciones de 1,2 millones (Esperanza Aguirre) o mudanzas de 400 millones (Alberto Ruiz-Gallardón).

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