miércoles, 4 de febrero de 2009

Unos siembran los vientos para que otros recojan las tempestades


Pongamos el caso de dos primos, Ismael e Isaac. Ambos compartían un terreno, propiedad del Sr. Adriano, hasta que Isaac se enfrentó con él y fue expulsado. Tras años de éxodo por todo el mundo, un tal Adolfo, psicópata de profesión, intentó exterminar a toda la familia de Isaac, con lo que los dirigentes de todos los países decidieron que ya era hora de que le fuera permitido volver a su tierra. Pese a las reticencias de algunos miembros de la familia de Ismael, finalmente los descendientes de Isaac volvieron a instalarse. Lo que nadie esperaba es que, poco a poco, fueran ocupando cada vez más terreno y quedándose con las mejores porciones de tierra, cerrando el paso a los ríos y otras fuentes de riqueza y materias primas, e incluso construyendo un muro para marginar a sus familiares, actitud sin duda aprendida de Adolfo.
Lo que al principio fueron reservas ante el establecimiento de sus primos, se convirtió en un rechazo generalizado de su colonialismo, formándose una camarilla violenta con cada vez más apoyos entre la familia de Ismael. El resto de países condenaba tal violencia, pero consideraba que la familia de Isaac debía devolver todo el terreno ocupado ilegalmente. Ilusamente, los invadidos intentaron contraatacar lanzando piedras al otro lado del muro, rompiendo las ventanas del palacio de Isaac e incluso causando alguna baja. Todos esperaban una reacción, pero nadie habría vaticinado la vengativa campaña de destrucción y exterminio llevada a cabo por los conquistadores, utilizando armas mucho más modernas que las artesanales de su enemigo.
A D. Gregorio Herrero (XL Semanal 1109) le parece mal que se hable de una «masacre» en Gaza y que se critique al gobierno de Israel, alegando que «Hamás está recogiendo la tempestad que ha sembrado». En mi humilde opinión, se olvida de dos hechos: uno, la tempestad no la ha sembrado sólo Hamás, sino también la política sionista de asfixia y destrucción del pueblo Palestino; dos, la tempestad no la recoge sólo Hamás, sino el millón y medio de habitantes de la franja, donde la situación hace que el fanatismo cada vez tenga más apoyos.
Ya no sé si este drama tiene solución, salvo la ideada por los «halcones», que no es otra sino la aniquilación total del pueblo Palestino. Afortunadamente, me queda la esperanza de que tal extremismo vaya perdiendo adeptos. Por ejemplo, el escritor Jean-Moïse Braitberg, nieto de una víctima del Holocausto (el de los nazis contra los judíos, no el de los nacional-sionistas contra los palestinos) ha escrito una carta a Shimon Peres solicitándole la retirada del nombre de los miembros de su familia del Memorial de Yad Vashem, dedicado a las víctimas judías del nazismo, alegando que «la suerte dada al pueblo árabe de Palestina desde hace sesenta años descalifica a mis ojos a Israel como centro de la memoria del mal hecho a los judíos y, por lo tanto, a toda la humanidad».

1 comentario:

"S" de Santi dijo...

Te recomiendo que veas "Los Limoneros". Te gustará.
Un abrazo