lunes, 30 de marzo de 2009

Dude, Where’s My Country? III



(Traducción de un extracto del capítulo Un futuro de lo más «crudo» del libro de Michael Moore Tío, ¿qué han hecho con mi país?)
El otro día soñé que estaba en el futuro, en el año 2054; era mi centésimo cumpleaños y mi bisnieta me hacía una visita sorpresa. Me decía que estaba haciendo un trabajo para su clase de Historia de sexto curso y quería hacerme unas preguntas. Lo curioso es que no había luz ni ordenador, y el agua que bebíamos no estaba embotellada.
A: ¡Hola, bisabuelo! Te he traído una vela. Por alguna razón hemos recibido una de más dentro de nuestro racionamiento mensual. Pensé que podría no haber suficiente luz para la entrevista.
M: Gracias, Annie. Cuando terminemos, ¿podrías dejarme ese lapicero que estás usando? Así podría añadirlo a la leña para mantenerme caliente.
A: Lo siento, bisabuelo, pero si te lo diera ya no tendría nada con que escribir para el resto del año. ¿Es cierto que en tus tiempos utilizabais otras cosas para escribir?
M: Sí, teníamos bolígrafos y ordenadores, e incluso pequeños aparatos que transcribían por escrito mientras tú hablabas.
A: ¿Y qué pasó?
M: Ya sabes, cariño, estaban hechos de plástico.
A: Ah, sí, plástico. A todo el mundo le encantaba el plástico en esa época, ¿verdad?
M: Era algo mágico, pero se hacía con petróleo.
A: Ya veo. Entonces, desde que se agotó el petróleo, hemos tenido que utilizar lapiceros.
M: Exactamente. Se echa de menos el petróleo, ¿eh?
A: Cuando eras joven, ¿la gente era tan estúpida como para pensar que el petróleo duraría para siempre, o es que no os importaban las generaciones futuras?
M: Por supuesto que nos importaban, pero en mis tiempos nuestros gobernantes juraban por Dios que había abundancia de petróleo y, por supuesto, nosotros queríamos creerles porque nos estábamos divirtiendo muchísimo.
A: Entonces, ¿qué hicisteis cuando el petróleo comenzó a acabarse y sabíais que el fin estaba cerca?
M: Intentamos mantener el asunto bajo control manteniendo bajo nuestro control las partes del mundo donde se encontraba la mayor parte del petróleo y el gas natural. Se libraron muchas guerras. Para las primeras, en Kuwait e Irak, nuestros líderes encontraron excusas como «este hombre malo tiene armas peligrosas» o «hay que liberar a estas buenas personas». Nos gustaba esa palabra… «liberar». Pero la lucha nunca era realmente por ninguna de esas razones. Siempre era por el petróleo. Lo que pasa es que en aquellos días no se decía claramente.



A: He oído que cuando tú naciste había tanto petróleo que empezasteis a hacer todo con él, y que la mayoría de los objetos eran de usar y tirar. Hace un par de años, papá y mamá consiguieron permisos para rebuscar en el vertedero y nos tocó el gordo, porque encontraron unas cuantas bolsas de plástico que casi no se habían descompuesto. Y dentro tenían cantidad de cosas hechas de plástico. ¡Qué listos fuisteis conservando todas esas cosas tan cuidadosamente en bolsas!
M: Bueno, gracias, pero sólo fue un golpe de suerte. Tienes razón cuando dices que hacíamos todo de petróleo convirtiéndolo en plástico. Tapicerías para muebles, bolsas de supermercado, juguetes, botellas, ropa, medicamentos, e incluso pañales; todo venía del petróleo. La lista de lo que se hacía con el petróleo y sus derivados era interminable: aspirinas, cámaras, bolas de golf, baterías de coche, moquetas, fertilizantes, gafas, champú, pegamento, ordenadores, cosméticos, detergentes, teléfonos, conservantes, balones, insecticidas, maletas, esmaltes de uñas, asientos de inodoro, medias, dentífrico, almohadas, lentes de contacto, neumáticos, bolígrafos, CD, zapatillas…; nombra cualquier objeto y seguro que tenía que ver con el petróleo. Estábamos enganchados. Echábamos un trago de una botella de plástico y la tirábamos. Gastábamos un litro de gasolina para conducir hasta la tienda para comprar un litro de leche (que también venía en una botella de plástico). Cada Navidad, tu abuela recibía regalos hechos de plástico bajo un árbol de Navidad de plástico. Y también es cierto que incluso metíamos nuestra basura en bolsas de plástico y la tirábamos.
A: ¿De dónde se sacó la gente la idea de «quemar» petróleo? ¿Por qué quemar algo tan escaso? ¿También quemaba la gente los diamantes en esa época?
M: No, la gente no quemaba los diamantes. Se consideraban muy valiosos. El petróleo también se consideraba muy valioso, pero a nadie le importaba. ¡Simplemente lo convertíamos en gasolina, encendíamos una bujía y quemábamos esa mierda sin pensar en las consecuencias!
A: ¿Cómo era cuando no podíais respirar a causa de la suciedad del aire provocada por quemar eso que llamabais gasolina? ¿No os hizo daros cuenta de que no se debía quemar nada proveniente del petróleo? Puede que ese olor era el modo que tenía la Naturaleza de intentar deciros, «¡No me quemes!»
M: ¡Oh, ese olor! Era la manera que tenía la Naturaleza de decirnos que algo iba mal. ¿En qué estaríamos pensando?
A: Pero os estabais envenenando, así que ¿qué hicisteis?
M: A la gente no le quedaba otra que aspirarlo, lo cual causaba el sufrimiento y la muerte de millones de personas. Nadie quería decir que las dificultades para respirar se debían a la contaminación del aire provocada por la quema de combustibles fósiles, así que los médicos decían que teníamos asma o alergia.
A: Lo que no entiendo es lo siguiente: si os lo estabais pasando tan bien, conduciendo por ahí y todo eso, gastando todo nuestro petróleo, ¿por qué no planeasteis cambiar a otro combustible, antes de agotarlo, para poder seguir pasándolo bien?
M: El pueblo estadounidense era la clase de gente que se acostumbraba a hacer las cosas de una manera y era imposible hacerles cambiar.
A: ¿Qué quiere decir «estadounidense»?
M: Mejor cambiamos de tema.
A: Y luego se acabó la comida.
M: En aquella época parecía una buena idea utilizar petróleo para cultivar comida. Los fertilizantes, pesticidas y herbicidas artificiales, por no hablar de todos los tractores y utillaje de agricultura, dependían de los combustibles fósiles. Cuando la producción de petróleo llegó a su cima, los precios de los alimentos aumentaron a la par de los de los combustibles fósiles. Los primeros en morir de hambre fueron los pobres del mundo. Sin embargo, en cuanto la gente se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo, atacaron tiendas y almacenes, con lo que ser rico no garantizaba tener suficiente para comer. Para colmo de desgracias, cuando comenzó la extinción, la gente no podía permitirse llegar al trabajo, calentar sus hogares o comprar electricidad. Algunos expertos predijeron que la producción mundial de petróleo llegaría a su cima alrededor del 2015, y se rieron de ellos, pero tenían razón. Los precios de los combustibles comenzaron a subir aún más vertiginosamente, pero era demasiado tarde para planear una transformación suave hacia un modo diferente de obtener energía. La catástrofe ya había llegado.
A: Tengo una teoría sobre lo que ocurrió. He oído que a vuestra generación le encantaba el sol y se pasaban el día tomándolo, tumbados y dormidos. Creo que esa es la razón por la cual gastasteis todo el petróleo barato, para poder calentar la Tierra, deshaceros del invierno, y que todo el mundo pudiera lucir buenos bronceados y tener un aspecto molón.
M: No, la verdad es que el sol nos daba un miedo mortal. La mayoría de nosotros trabajaba en edificios con las ventanas totalmente selladas, con máquinas para filtrar y limpiar nuestro aire y nuestra agua.
En las ocasiones en que nos aventurábamos a salir al exterior, solíamos embadurnarnos de filtro solar y llevábamos oscuras gafas de sol y sombreros para protegernos la cabeza. Pero por mucho que odiáramos el sol, todavía odiábamos aún más el frío. Todo el mundo se trasladaba a los Estados más cálidos, donde casi nunca nevaba, para pasar sus días en casas y oficinas con aire acondicionado y conducir por ahí en automóviles con aire acondicionado. Por supuesto, esto consumía aún más gasolina, lo cual hacía que el mundo se calentara aún más, por lo que la gente subía aún más el aire acondicionado.



A: Bisabuelo, ¿cómo sobreviviste?
M: Tu bisabuela y yo estábamos viajando por el extranjero cuando comenzó la gran extinción. Pudimos sobrevivir gracias a que, en algún lugar en la Región del Petróleo, encontramos una cueva con gran cantidad de comida y teléfonos móviles, así como un buzón de correos. Nunca habría creído que alguien pudiera sobrevivir en una cueva tanto tiempo sin ser descubierto, pero lo hicimos, al igual que quien sea que la utilizara antes que nosotros. Lo más raro de todo era que también había un aparato de diálisis, y yo no dejaba de pensar… «no, no puede ser».

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