jueves, 2 de abril de 2009

Las mentiras de los pesticidas



Tras el monográfico del número 1112 de XL Semanal sobre «Comer bien… Vivir mejor», el 1116 nos traía dos cartas con opiniones contrapuestas sobre el tema de la seguridad alimentaria (que no “alimenticia”.
La primera afirmaba que «el vil metal y no la responsabilidad guía las prácticas empresariales», mientras que la segunda defiende a los pesticidas, afirmando que «nuestros alimentos nunca fueron más seguros» y que dichos fitosanitarios «garantizan una producción rentable de productos frescos de alta calidad, seguros, suficientes y asequibles para todos». Me imagino que con lo de «rentable», «suficiente» y «asequible» se referirá a los países ricos, por lo que a este señor le recomendaría hacer un poco de “turismo de aventura” para recabar un poco más de información. Lo que ya no entiendo mucho es lo de la «alta calidad»: se conoce que las papilas gustativas de D. Carlos Palomar han perdido algo de sensibilidad y le da igual un tomate “del súper” que otro “del pueblo”.
En relación con los pesticidas, si bien es cierto que su uso ha posibilitado mejoras en el crecimiento de las plantas (eso sí, en detrimento de su calidad) y no perder una enorme proporción por culpa de enfermedades, también lo es que las grandes multinacionales proporcionan cálculos falseados sobre su productividad para vendernos la falsa creencia de que, sin agricultura industrial, pesticidas, fertilizantes y semillas genéticamente manipuladas, no es posible alimentar al mundo. Por poner un ejemplo, la fumigación con insecticidas se ha multiplicado por veinte desde 1948, pero ahora los insectos devoran el 13 % de las cosechas, mientras que entonces se perdía tan sólo el 7 %.



La solución para el hambre pasa por la promoción de pequeñas granjas ecológicas y con biodiversidad, las cuales utilizan menos energía, menos recursos naturales y son proporcionalmente más productivas (la FAO ya ha demostrado cómo los agricultores que aplican menos pesticidas pueden obtener mejores cosechas). Muchos agricultores ya están dando la espalda a la agricultura química, sustituyéndola por otros métodos que logran mayores rendimientos y protegen el suelo, del que al fin y al cabo depende la producción de alimentos a largo plazo.
La seguridad alimentaria necesita políticas que favorezcan la producción no química, reduciendo o eliminando el uso de pesticidas. Los efectos nocivos de los agrocombustibles son gravísimos e innumerables: deforestación, erosión y degradación del suelo, incendios forestales, mayor consumo de hidrocarburos, concentración de tierras, violencia contra poblaciones indígenas y éxodo del campesinado, trabajo precario y represión sindical, uso de semillas transgénicas, hambre, mayor consumo de agua y menor proporción de tierras dedicadas a la producción de alimentos para dedicarlas a los biocombustibles. Además, su producción, a partir de productos químicos derivados del petróleo, genera gran cantidad de gases de efecto invernadero.



Antepongamos los hechos a la palabrería de los burócratas desde sus agencias y asociaciones de rimbombantes nombres: 500 millones de hectáreas de tierra cultivable desaparecerán en el tercer mundo a causa de estas prácticas, y millones de personas son envenenadas por pesticidas en las áreas rurales, provocando miles de muertes cada año.

1 comentario:

"S" de Santi dijo...

¿Recuerdas Bhopal?
Diciembre del 84, la empresa Union Carbide monta una fábrica de pesticidas en la que se utiliza el Isocianato de Metilo, para fabricar el SEVIN, una maravilla de la tecnología que "ayudaría" a los agricultores de la India a mejorar sus cosechas y por ende sus vidas.
http://www.proteccioncivil-andalucia.org/Documentos/Bhopal.htm