domingo, 13 de septiembre de 2009

El kafkiano proceso de yahoo



Como muchos días desde hace años, me conecto a Internet, entro en la página de yahoo y tecleo mi nombre de usuario y contraseña para echar un vistazo a mi correo electrónico. Sin embargo, la pantalla me dice que hay algún error, por lo que vuelvo a intentarlo, más despacio esta vez, asegurándome de no errar ninguna tecla. Pero el resultado es el mismo, con lo que llego a la conclusión de que esta vez el error no es mío, sino que debe de haber algún problema con la página. Inusual, pero no inaudito. A otra cosa, mariposa.
Unas horas más tarde me viene a la memoria una carta que comencé a escribir el día anterior y me propongo terminarla y enviarla; no es posible porque el problema persiste, así que lo intento por otro lado: con la opción de restablecer la contraseña. Tras teclear mi nombre de usuario y copiar un código de seguridad, veo que así tampoco lo voy a poder solucionar: la pantalla me indica que no puedo restablecer la contraseña porque estoy en línea, lo cual me escama un poco y me hace sospechar que alguien puede estar espiándome puesto que, evidentemente, no estoy en línea. De todos modos, yahoo me ofrece otra salida: un formulario de contacto con su departamento de atención al cliente, el cual relleno explicando todo lo anterior y recordándoles la dirección alternativa para contactar conmigo en estos casos.
Pasan las horas y no obtengo respuesta, así que indago un poco más. La propia página de yahoo ofrece sus detalles de contacto: teléfono, fax y dirección (física, no electrónica). Marco el teléfono y, como es costumbre hoy en día, me proporcionan otro, un “902”; como en éste tardan en contestar, opto por enviar un fax relatando todo lo ocurrido.
Sigue pasando el tiempo sin recibir señales de vida inteligente. Además, un amigo me comenta que me ha enviado un mensaje y le ha sido devuelto informándole de que mi dirección electrónica no existe, por lo que bloqueo de mi mente las imágenes de la película La Red, me armo de paciencia y vuelvo a seguir el procedimiento del formulario de atención al cliente más el fax, añadiendo este último dato, pero es inútil.
Por fin, alguien responde en el “902”, le explico mi situación y, como de costumbre, me pasa a otro departamento. Resignación, que parece que ya vamos por el buen camino. Vuelvo a explicar lo mismo otra vez, me pregunta mi nombre de usuario, mi código postal y alguna cosa más y, cuando parecía que se veía la luz al final del túnel, se me cae el alma a los pies: la pregunta de seguridad, “¿quién era mi héroe cuando era pequeño?” ¡Insensato de mí! Sabía que estas preguntas iban a darme un disgusto algún día, por eso cada vez las refino más al registrarme en algún servicio de Internet, pero cuando lo hice en yahoo era más bisoño y no le otorgué la debida importancia. ¿Martin Luther King? “No.” ¿Daredevil? “No.” ¡Por Dios! ¿Homer Simpson? “¡No! Y se le han agotado las oportunidades, así que no podemos restablecer su cuenta de correo electrónico.



Los siguientes minutos (bastantes) los empleé en intentar convencer a mi interlocutor de lo absurdo y ridículo de la situación, de que me preguntara alguna otra cosa más, cualquier cosa, o que procedieran como otras empresas del ramo, enviándome un enlace para restablecer la contraseña a mi cuenta de correo electrónico alternativa; pero no hubo manera – patético. “El Sistema no me lo permite.” ¿El Sistema? ¿Qué sistema? ¿El económico? ¿El político? ¿El social? ¿El 4-4-2 del fútbol o la defensa en zona del baloncesto? “El Sistema, caballero.”
Todo era tan surrealista que se me había olvidado preguntar por qué diantres me habían bloqueado la cuenta. Según el sufrido empleado de yahoo, a quien seguramente amargué la tarde con mi verborrea, había “violado las condiciones de seguridad y cometido un abuso que contravenía las estipulaciones que en su día firmé al registrarme en yahoo” (más o menos, aunque de lo que estoy seguro es de haber escuchado el verbo “firmar”, cuando yo jamás he “firmado” ningún acuerdo con yahoo, ni físicamente ni por medio de mi firma electrónica). Al solicitarle más detalles sobre mi nueva condición de “violador” y “abusón” (no sé que hago escribiendo esto en libertad, ¡debería estar en un correccional con los grilletes puestos!), me contesta que se trata de una información confidencial que no pueden compartir conmigo, a lo que yo le respondo si ha leído El Proceso, del gran Franz Kafka, y si es consciente de que todo inculpado tiene derecho a saber de qué se le acusa, a tener un juicio justo antes de ser condenado, y tal, y tal. Silencio sepulcral al otro lado de la línea. ¿Oiga, hay alguien ahí? “El Sistema, bla, bla, bla…”
Me puse tan pesado que al final incluso habló con un supervisor para consultarle mi caso, pero sólo supuestamente, porque después no quiso pasarme con él para que pudiera relevarlo en el arduo trabajo de soportar mi determinación. Y al final me quedé como estaba.
En relación con mi presunto delito, lo único que me viene a la cabeza son mis repetidas denuncias a yahoo de la recepción a mi correo electrónico de mensajes (¡cuyo remitente era yo mismo!) ofreciéndome todo tipo de productos de lo más variopinto: antidepresivos, antiinflamatorios, medicamentos para la disfunción eréctil, alargadores de pene o sistemas infalibles para hacerme millonario. Parece ser que yahoo ha considerado inaceptable mi rechazo a esta situación, o que por lo menos les parece más fraudulenta que la venta ilegal de productos utilizando la cuenta de correo electrónico de uno de sus usuarios (productos que, evidentemente, no necesito para nada… ¡faltaría más!)



No es por ser un “anti-sistema”, pero “El Sistema” de yahoo me parece un esperpento digno de las peores pesadillas del mencionado Kafka o de George Orwell. Tampoco es que me suponga ninguna tragedia quedarme sin mi cuenta de yahoo; tengo más con otros proveedores, o puedo limitarme a abrir una nueva con otro nombre y estableciendo como pregunta secreta “¿Quién es tu héroe, tu ídolo, tu líder? ¿A quién amas sobre todas las cosas?” ¡Al Sistema! Simplemente, me supone un percance teniendo en cuenta todas las direcciones allí almacenadas, los correos sin contestar, los boletines y suscripciones o algunos mensajes con valor sentimental.



¡Señoras y señores! ¡Mucho cuidado con la pregunta de seguridad porque, si no son cautos y precavidos, algún día se volverá contra ustedes! Y, sobre todo, por lo que más quieran… ¡Cuidado con “El Sistema”! Aunque todavía no sé exactamente lo que es, me da mucho canguelo.



Por otra parte, si no quieren verse nunca sometidos a un proceso kafkiano como este, si no quieren ser procesados y condenados sin ni siquiera saber de qué se les acusa, simplemente eviten cualquier tipo de contacto o relación con la empresa yahoo. Eviten entrar en sus páginas, alejen el ratón de sus enlaces, cancelen sus cuentas, no expongan sus fotografías en flickr. Yo, por mi parte, me dedicaré, primero a intentar recordar quién demonios era mi héroe cuando era pequeño (¿Mazinger Z?), y segundo a difundir mi profecía contra el diablo yahoo. Aunque claro, no tardará en ser devorado por Google, y ese sí que es un Gran Hermano (el de Orwell, no el de Mercedes Milá).



Avisados quedan.

4 comentarios:

DMB dijo...

Muy bueno!

Igual, si la cuenta todavía existe (que lo dudo...), puedes desviar los correos a otra dirección. Creo que sólo lo tienes que hacer en el mail receptor. Yo tengo así centralizados varios en gmail, para ahorrar "carganado página"s.

El último que apague la luz dijo...

¡Por fin conseguí recuperarla! Resulta que había más preguntas de seguridad, pero la primera vez que llamé no quisieron hacérmelas... ¡y esas sí que me las sabía! Lo que todavía no me han dicho es cuál fue mi infracción para que me bloquearan la cuenta. Ellos sabrán.
De todos modos, voy a ir "migrando" poco a poco a mi otra dirección de gmail (aunque tampoco termina de convencerme...)

"S" de Santi dijo...

Me sigue pasando lo mismo, pero con el lío de la mudanza, no he tenido tiempo de llamar a Att. al Cliente de Yahoo. Porque sigo teniendo todas mis carpetas vacías, los correos de la facultad, los vuestros, los de Almu, un desastre.
Pero bueno, lo que ocurre es que tampoco me convence mucho Gmail, así que resolveré ésto.
Y yo sigo subiendo fotos a Flickr, me la trae floja, lo que quizá haga es no renovar la suscripción la primavera que viene.
besinesssss

El último que apague la luz dijo...

Tampoco a mí termina de convencerme gmail, aunque lo bueno que tiene es que cada vez que entras te indica la última IP desde la que se ha accedido a tu cuenta, con lo que es fácil saber si ha podido haber algún "intruso" que haya conseguido acceder, ya sea para borrar mensajes o con cualquier otra intención.