viernes, 2 de octubre de 2009

Hipocresía sobre ruedas

Estos días, los taxistas del Aeropuerto de Madrid-Barajas han sido noticia por su demanda de más control y multas contra el intrusismo que supuestamente padece su profesión. Estos 1.500 taxistas (de los 16.000 que hay en Madrid) paralizaron durante dos horas el tráfico en el aeropuerto, coincidiendo con la salida de la delegación de Madrid 2016 a Copenhague, para reclamar que se prohíba el traslado de viajeros por parte de particulares, autobuses y furgonetas. Hubo insultos, altercados y hasta roturas de lunas, retrovisores y limpiaparabrisas de vehículos de otras empresas o de compañeros que no secundaron la huelga.



Y es que se calcula que hasta 3.000 vehículos “piratas” (sin licencia de ningún tipo y, en muchas ocasiones, sin ni siquiera seguro) podrían estar circulando por las calles de Madrid, la mayoría de ellos recogiendo pasajeros del aeropuerto de manera ilegal. Se hace evidente la necesidad de regular esta cuestión, en beneficio tanto de los taxistas como de los viajeros, que muchas veces corren peligro sin saberlo al aceptar los servicios de algún “pirata”.



Sin embargo, también recibieron improperios y agresiones los conductores de las furgonetas y autobuses que, contratados por hoteles, transportan a sus clientes a y desde el aeropuerto. Y ahí es donde los señores taxistas están sacando los pies del plato. Prueben ustedes un día cualquiera a subirse a un taxi en el aeropuerto y pedirle al conductor que les lleve a un hotel que quede “demasiado cerca”. Lo mejor que puede pasarle es que se le indique que se baje del vehículo y utilice otro medio de transporte; lo peor, si a uno le da por reclamar los derechos y obligaciones de cada uno, desde insultos hasta amenazas, en ocasiones con la participación del resto del gremio. Si estos señores se niegan a prestar sus servicios a determinados clientes que no garantizan la amortización de la espera en la terminal, ¿por qué se niegan a que sean transportados a cuenta de los propios hoteles? ¿Acaso quieren ser una variante de El Perro del Hortelano, en este caso comiendo, pero sin dejar comer (ni “ser comidos” o, en este caso, transportados)?



La crisis nos está afectando mucho a todos, y probablemente el del taxi sea uno de los sectores más afectados, pero no creo que eso otorgue derecho a la demagogia, a la manipulación, a la exageración y al victimismo, y mucho menos si van acompañados de violencia física y verbal.
Por otro lado, no creo que sea correcto, como se está haciendo en algún medio, generalizar y acusar a los taxistas de prácticas ilícitas, ya que los cobros exorbitados a turistas extranjeros, sobre todo japoneses, son muy puntuales y excepcionales.

1 comentario:

"S" de Santi dijo...

Estoy de acuerdo, pero discrepo en lo que comentas acerca del "abuso" de los taxistas, en cuanto que son prácticas puntuales.
nene, sabes más que de sobra que los que trabajan desde la T-1, no se si será igual ahora en la T-4, imagino que si, son auténticos mafiosos. Con la excusa, que entiendo en parte, de llevar mucho tiempo esperando, cobran unas barbaridades a los incautos viajeros que desconocen la ciudad o el idioma. Y trabajando en FES conociste decenas de casos de clientes, ¿o no?.
Y a nada que hablaras con el turno de noche, con Nieves o Mayo, te asustabas de cómo funcionaba en ese horario, semejante servicio "público".
Yo lo he sufrido en mis carnes, porque a una mujer mayor con dos maletas que me pidió ayuda, hube de subir a la planta de salidas porque nadie la quiso acercar a Madrid.
Pero también entiendo que estén en contra de los "piratas", de los que operan con conductores sin contrato, sin licencia, etc. etc.
Qué quieres que te diga, en la T-2 funciona el servicio de táxi de maravilla, por algo será.