viernes, 16 de octubre de 2009

Burgos 2016: Nos estamos cargando El Parral






Ahora resulta que el botellón se ha trasladado al “Parque” de El Parral – entrecomillo lo de “parque” porque cada vez lo es menos, ya que se está convirtiendo en un vertedero. Por si la “celebración” (sigo con los entrecomillados) del Curpillos no deteriorara lo suficiente este otrora espacio verde de la “ciudad” de Burgos (ridículamente candidata a no sé qué evento en el 2016), y por si las constantes chuletadas no lo pusieran lo bastante en peligro, incluso entrando con los coches hasta “la cocina” para mayor comodidad del “ciudadano” (hay carteles en todas las entradas que prohíben hacer fuego, pero ¿de qué sirve la ley si nadie se preocupa de hacerla cumplir?), ahora tenemos un caso más de otra normativa que nuestras autoridades se pasan, con perdón, por el forro de…, permitiendo que los supermercados vendan licores a menores para que después se agrupen en hordas que se establecen donde les place (pese a la ordenanza municipal que impide beber en la calle, este verano, con la connivencia y aliento de nuestras autoridades –será para fomentar el tan idolatrado consumo–, el botellón se institucionalizó en las riberas del río, que por las mañanas olían, literalmente, a calimocho y a orina) y dan rienda suelta a su alternativa de ocio favorita, destrozando nuestro medio ambiente, provocando contaminación acústica y, como colofón, celebrando la permisividad, indolencia, papanatismo, pusilanimidad e incompetencia de nuestras autoridades con algún acto de vandalismo. Lo más divertido de todo, si algún vecino tiene la ocurrencia de llamar a la policía, es ver cómo minutos después, parsimonioso, llega el coche patrulla (porque sólo es uno), bordea el recinto del erial y vuelve a alejarse sin tomar cartas en el asunto.







Entonces viene el chantaje emocional, frases como “dejen de criminalizar a los jóvenes y aporten soluciones” o reclamaciones de otras alternativas de ocio. Pues aprovecho para aportar una posible solución, chaval: haz botellón de vez en cuando, pero sin dar berridos ni dejar todo lleno de mierda (hasta un crío sabe recoger sus propios residuos, meterlos en una bolsa y, si no hay un contenedor o papelera cerca, llevarlos a otro lugar.), pero diversifica tu tiempo de ocio haciendo uso de la infinidad de alternativas que nuestra sociedad y tu mente (si te decides a darle uso) ponen a tu disposición; conoce Burgos, su Historia y su Patrimonio, lee, escucha música, ve al cine, ve al teatro, ve a conciertos, pasea por nuestra Naturaleza, haz deporte (todas estas actividades son más baratas que el botellón, algunas de ellas incluso gratuitas).


Irónicamente, no soy mucho mayor que los integrantes del grupo de energúmenos que ahora oigo y veo desde mi ventana; no hace mucho, yo también hacía mis pinitos en el mundo del botellón, al igual que muchos otros de mi edad. Sin embargo, nos diferencian un par de aspectos: nuestra conciencia ecológica (era difícil discernir al día siguiente dónde habíamos estado bebiendo), nuestro respeto al prójimo (menor nivel de ruido y ausencia de vandalismo) y nuestra poca voluntad de postularnos como candidatos a los Premios Darwin, puesto que limitábamos nuestra ingesta de alcohol a niveles que permitieran que nuestros cerebros, órgano totalmente “zombificado” en la mayoría de los zopencos que observo ahora, siguieran funcionando algunos años más.



Es decir, que el botellón ha existido siempre, pero el respeto al prójimo nunca ha sido tan bajo (o nulo) como hoy en día. Y ahora no me refiero sólo al botellón: fíjense en la manera de conducir de muchos, la manera de tratarse y hablarse unos a otros, la manera de hacer uso (o abuso) de los servicios públicos, el afán con el que nos devanamos los sesos buscando maneras éticamente dudosas de pagar menos impuestos o la estulticia, pasotismo, desvergüenza y corrupción de las autoridades, que nunca ha sido tan flagrante y tan patente, sin que nadie se escandalice por ello.




Dice mi señora que, viendo a estos patanes, mejor nos hacemos un plan de pensiones privado, ya que no van a poder contribuir a las arcas de la Seguridad Social (no se hacen tantas películas de zombis como para contratar a tanto extra). A mí es una cuestión que no me preocupa; viendo el panorama, seguro que la Madre Tierra elimina de su faz al virus homo ¿sapiens? (¡Ja!) antes de que nos llegue la jubilación. Y si no me creen, vengan conmigo el jueves que viene a mirar por la ventana – o pregunten a vecinos de otras zonas menos afortunadas.

2 comentarios:

"S" de Santi dijo...

Estoy de acuerdo contigo al 110%. Yo no estoy en contra del famoso "botellón", si los chavales quieren beber alcohol al aire libre porque es más barato que hacerlo en los bares y sienten más libertad, perfecto. Pero han de tener en cuenta lo que les rodea y que son espacios públicos, no privados. Y nunca podré entender que tiren basura en lugar de recogerla y llevarla a un contenedor.
pero bueno, también entiendo la nueva generación de pequeños (y ya no tan pequeños) tiranos que hemos conseguido crear; no tienen sentido alguno de la resposabilidad ni de las obligaciones, son egoistas, exigentes y consentidos por todo el mundo, desde los políticos que crean los proyectos de "educación", que suelen ser éso, meros proyectos, hasta los mismos ciudadanos que aún viendo los desmanes que crean no se atreven a denunciar (no digo ya a reprenderlos, pobrecitos, no sea que desequilibremos su psique), pasando por los agentes de la ley que por desidia o pereza o vete tú a saber por qué, no les meten una multa como está mandado.
Así nos va, una pena.

El último que apague la luz dijo...

Ayer nos enteramos de lo más increíble e indignante de todo: resulta que ¡es la propia policía quien indica a la gente que vayan a beber al Parral! Bebedor borrego + policía todavía más borrego = desastre ecológico...