miércoles, 2 de diciembre de 2009

Buenos ciudadanos que gobernar

Reproduzco aquí (ya que XL Semanal no considera esta parte de su revista lo suficientemente importante como para publicarla por Internet) la acertada carta de D. Jorge Martín Martínez, del 20 de enero de 2008, al hilo de un reportaje sobre la educación en Finlandia y los malos resultados educativos de España.


Me pregunto: ¿la distancia educativa entre Finlandia y España se mide en kilómetros? ¿Por qué no existen en los colegios fineses chuletas, pintadas, destrozo de mobiliario, falta de autoridad de los profesores? ¿Por qué en aquella sociedad es impopular la evasión de impuestos? ¿Por qué valoran tanto la responsabilidad y el esfuerzo? La distancia entre Finlandia y España no es sólo geográfica. El asunto es más profundo.
Tiene mucha razón Pérez-Reverte en todo lo que expresa en su Permitidme tutearos, imbéciles, pero no ahonda ni propone soluciones. Que nadie olvide el trascendental paso de la Reforma protestante. Cuando llegó a ser escandaloso el comercio de indulgencias de la Iglesia de Roma, la mayoría de los países de la Europa central y nórdica decidieron corregir y tomar los asuntos de Dios en serio, no sin luchas. Por el contrario, en la mayoría de los países del sur, el nacional-catolicismo fue impuesto por la fuerza. Después de 400 años analizarnos el resultado. ¿Qué queda de aquel catolicismo en la sociedad española? Sin embargo, los países como Finlandia aprecian, valoran y respetan asuntos vitales. El sistema educativo de Finlandia no tiene éxito por disponer de buenas leyes ni de buenos gobernantes, amigo Pérez-Reverte. Los gobernantes de Finlandia tienen buenos ciudadanos que gobernar. Las leyes tienen buenas comunidades educativas a las que aplicarse.
Y la clave es ésta: la sociedad finlandesa conserva un profundo trasfondo cristiano. No es que todos los fineses sean honestos cristianos, sino que aquella sociedad sigue aún beneficiándose de los pasos que eligió dar cientos de años atrás. Para elevar los niveles educativos en España no necesitarnos más leyes ni mejores gobernantes. Necesitarnos más que eso: una urgente y profunda reforma social.

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