martes, 5 de enero de 2010

Sociedad de la opulencia y la gula



Tras las comilonas de ¿Navidad? inauguro el año 2010 con la carta de D.ª Cecilia Martínez Rayaces, del XL Semanal del 29 de noviembre de 2009, titulada “Hambre estética”.



Las palabras de Paul Roberts en el número 1.147 de XL Semanal sobre que en Occidente se gasta más dinero en dietas adelgazantes que en ayuda alimentaria al Tercer Mundo avivaron la inquietud por mí vivida en mis vacaciones en uno de esos hoteles de lujo de los que no es preciso salir para tener de todo, incluso la playa parecía de su propiedad, ya que por una de sus puertas se accedía directamente a la arena. Su restaurante no iba a la zaga: bufé (sic) libre, amplio y variado, cocina al vivo, incluso cava para desayunar. Los camareros africanos, asiáticos, suramericanos, europeos del Este, todos de una cordialidad exquisita, sin perder la compostura ante las exigencias de los clientes ni ante las del maître (sic), más preocupado de nuestro bienestar que de sus condiciones de trabajo, vaciaban una y otra vez en la basura los platos que los clientes llenábamos de manjares que brotaban incesantemente de los mostradores; platos apenas probados, platos de una sola comida de un solo día de un solo hotel de uno solo de los pueblos que abarrotan nuestras costas. Los camareros sonreían, pero, al mirarlos, no dejaba de preguntarme qué pensarían, procedentes de latitudes de hambre y penuria, de semejante despilfarro y, sobre todo, qué pensarían de esos seres caprichosos, tan pronto empachados como lanzados al hambre estética, indiferentes a todo lo que hay –o no hay– tras los muros de aquel hotel.



Aprovecho para alabar la iniciativa (y recomendarla a otros establecimientos), vista el pasado verano en el Hotel El Rompido de la cadena Fuerte Hoteles, donde a la entrada del comedor se recomienda a los comensales que procuren llenar sus platos sólo con la cantidad de comida que vayan a necesitar, con el objeto de no desperdiciar nada; alabanza extensible a la gran mayoría de huéspedes de dicho hotel, quienes respetaban dicha recomendación.

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