viernes, 31 de diciembre de 2010

A usted le preferimos atontado


¿Es usted inteligente? ¿Tiene el más mínimo sentido común, capacidad crítica o discernimiento? Mal, amigo mío, muy mal. Es usted una rara avis, un apestado, alguien que estorba a los mecanismos del poder y la suave dialéctica del progreso. Le preferimos atontado, observando la pantalla con una de nuestras cenas precocinadas sobre las rodillas.
No nos gustan los listillos. Llevamos más de un siglo medrando despacio, en la sombra, readaptándonos con cada cambio social, extendiendo nuestros tentáculos para acabar con los que son como usted. Fabricamos la idea de la democracia moderna para ocultar el auténtico dominio que nosotros, las grandes empresas, tenemos sobre usted. Les hacemos pasar cada cuatro años por las urnas para alimentar esa fantasía. Creamos y deshacemos los ciclos económicos. En las épocas de prosperidad crecemos saludablemente, y en las de crisis nos inflamos como sanguijuelas a punto de estallar.
Sí, competimos a muerte entre nosotros pero somos ferozmente corporativistas cuando alguien amenaza los mecanismos de nuestro poder. Ministros y gobiernos no son más que asalariados temporeros, instrumentos con los que ejecutar nuestros intereses inmediatos. Les hacemos invadir países para quedarnos con sus recursos o crear leyes opresivas que aseguren nuestros privilegios. Aún se nos escapan algunos reductos de poder. Internet, por ejemplo, es un lugar donde las hormiguitas se juntan para roer nuestros cimientos, pero están muy lejos aún de causarnos auténtico daño. Mientras, nosotros seguimos la batalla por su atontamiento. Ayer apagamos un molesto canal de noticias y lo sustituimos por un confortable Gran Hermano 24 horas. A veces nos gusta subrayar la ironía con metáforas orwellianas, pero claro, al mismo tiempo esperamos que no tenga capacidad de comprenderlas. Y ahora relájese y vuelva a encender la tele, por favor.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Burgos 2016: “A las autoridades competentes”


Me alegra mucho que se haya publicado la carta de V.G.A., ya que yo mismo llevo un tiempo enviando cartas para alertar sobre el problema de la práctica del botellón.
Efectivamente, cada fin de semana, festivo, fiesta de guardar, “san queremos” y demás, jóvenes y menos que jóvenes consiguen de las más variadas maneras hacerse con unos cuantos litros de alcohol que, independientemente de las condiciones climatológicas, se despachan en lugares como las laderas del Castillo, las escaleras de San Esteban, El Parral y demás.
Un fenómeno que lleva décadas produciéndose, está adquiriendo magnitudes cada vez más trágicas, esperpénticas y ridículas, no sólo por el evidente hecho del aumento del consumo de alcohol, y cada a edades cada vez más tempranas, sino porque de a un tiempo a esta parte se da la particularidad de que al día siguiente queda perfectamente patente dónde se ha celebrado uno de estos eventos. Es decir, que mientras que hace unos años los “botelloneros” se ocupaban de hacer uso de las bolsas en las que habían transportado sus bebercios, así como de las múltiples papeleras y contenedores que hay por toda la ciudad, en la actualidad se opta más bien por dejar todos los restos desperdigados por el suelo, hechos añicos a ser posible en el caso del vidrio, ya que, como algunos comentan al ser increpados sobre este aspecto, «ya lo recogerán los barrenderos, que para eso les pagamos».
Lamentablemente, esta situación está totalmente permitida por nuestras autoridades, que hacen caso omiso de todas las leyes relativas a la venta de bebidas alcohólicas a menores, así como al consumo de éstas en la vía pública. Permitida cuando no promovida, como es el caso de nuestra Policía Local y el rector de nuestra Universidad, que “redirigen” a los “botelloneros” hacia El Parral para que no “incordien” en el campus u otras zonas donde no estiman conveniente este tipo de “divertimentos”.

Esta es la carta de V.G.A.
Deseo hacer un llamamiento a las autoridades competentes y a padres con hijos/as entre 14 y 16 años. No sé como empezar pues me siento muy mal con lo que presencié este sábado pasado en la ladera del Castillo paralela a la calle San Francisco.
Tenemos una hija de 14 años cuyo comportamiento últimamente nos hacía sospechar algo. Indagando, averigüé que efectivamente, los jóvenes entre esas edades se reúnen allí para hacer botellón y divertirse según sus formas.
No nos dejó la paciencia y nos acercamos para comprobar con nuestros propios ojos dicho espectáculo, cientos de críos bebiendo sin control. No se puede describir con palabras lo que sentimos en ese momento, nos movimos por allí como pudimos hasta localizar a nuestra pequeña y poder rescatarla de ese nefasto lugar.
Después de las reprimendas correspondientes, estuvimos hablando con ella durante horas hasta hacerle comprender que se estaba equivocando.
Ese día nos aseguro y comprobamos que no había bebido, pero ¿quién nos asegura que otros días no lo haya hecho? O que si sigue frecuentando esos ambientes (sic). Hoy creemos que le hemos hecho comprender su error y cuenta con todo nuestro apoyo, pero aun así sigo preocupado por esos jóvenes que van a seguir acudiendo allí para beber sin control y es entonces cuando me pregunto: ¿a quién compete poner fin a todo esto? Al fin y al cabo son parte de nuestro futuro, ¿vamos a permitir que nuestros hijos estropeen así sus vidas?
También deseo hacer un llamamiento a esos padres que no saben en qué pasan el tiempo sus retoños y les invito a que se den una vuelta por ese lugar, es posible que sientan lo que mi mujer y yo padecimos, impotencia, pena y rabia.
Y aquellos que se prestan en los supermercados a sacarles el alcohol a nuestros jóvenes mi más profundo rechazo y mi deseo de que si algún día son padres sufran en sus carnes lo mismo que hoy nos toca a nosotros.
Y al Ayuntamiento si tiene que enviar efectivos a esos lugares para que desalojen, que lo haga, que no solo se preocupen de conseguir votos y den a nuestros jóvenes otras alternativas para que puedan divertirse. Gracias.