martes, 29 de marzo de 2011

Inside Job. La madre de todos los timos


Inside Job - Tráiler español por keane43

El viernes podrá verse en las salas cómo se cocinó el ‘crash’ de 2008. El director del documental ‘Inside Job’, ganador del Oscar, puso contra las cuerdas a los responsables del “fraude financiero masivo” (Público, lunes, 21 de marzo de 2011).


Ejercicio de agudeza financiera. ¿Qué cara puso Frederic Mishkin, prestigioso economista, profesor de la Escuela de Negocios de Columbia, exmiembro del Consejo de la Reserva Federal (2006-2008) y uno de los protagonistas estelares de ‘Inside Job’ cuando se enteró de que el filme había ganado el Oscar al mejor documental? A) Cara de estupor. B) Cara de horror. C) Cara de corderito degollado. Sin duda, cualquiera de las tres, pero viendo las imágenes de la película de Charles Ferguson sobre el crash financiero de 2008, que se estrena el viernes en España, podríamos decantarnos por la opción C.


O al menos esa es la cara que se le queda a Mishkin en algunas de las escenas más memorables de Inside Job. O el rostro desencajado de un hombre que ve cómo lo que parecía una entrevista televisiva de guante blanco sobre la crisis económica se acabó convirtiendo en una visita al matadero, con Ferguson en el papel de entrevistador/matarife dispuesto a despedazar con sus preguntas a los peces gordos vinculados a la hecatombe financiera.


«Discúlpenme, pero debo arrancar señalando que tres años después de que estallara nuestra horrible crisis causada por el fraude financiero masivo, ni un solo ejecutivo ha sido encarcelado, y eso está mal», espetó Ferguson tras subir a la platea a recoger su Oscar el pasado 28 de febrero. Si Mishkin oyó estas palabras, debió tomárselo como algo personal. Porque la tortura a la que le somete Ferguson en ‘Inside Job’ es de antología.



Durante la entrevista, Ferguson le recuerda a Mishkin que en 2006 escribió un informe llamado ‘Estabilidad financiera en Islandia’, una loa a las virtudes del robusto sistema financiero del país. Mishkin cobró 100.000 dólares de la Cámara de Comercio de Islandia por su trabajo. Uno de los muchos casos de confluencia de intereses entre finanzas y política denunciados por Ferguson en el filme, aunque especialmente reseñable por su doble giro tragicómico final. Meses después de que Mishkin escribiera su informe, Islandia colapsó a causa de la voracidad especulativa de su sistema financiero. Y Mishkin, ni corto ni perezoso, cogió el bote de típex e introdujo un ligerísimo cambio en una palabra de su currículum: donde dije ‘Estabilidad financiera en Islandia’ ahora digo ‘Inestabilidad financiera en Islandia’. Sí, suena a chiste, pero es real.


Ferguson destapa la travesura en ‘Inside Job’ ante las estupefactas narices de Mishkin, que dice «no recordar» haber modificado ese dato en su currículum. En efecto, en el mundo de las finanzas globalizadas todo vale.

Comuna neoliberal.
Pero Mishkin es sólo uno de los muchos peces gordos que pasan por el diván de Ferguson que, al contrario que Michael Moore, no aparece en una sola imagen del documental. Las entrevistas son la base de un filme que cuenta cómo la ideología de los gigantes del sector financiero (Lehman Brothers, AIG, Merrill Lynch) se infiltró en todos los ámbitos del sistema económico estadounidense, de las administraciones políticas (demócratas y republicanas) a los agentes reguladores, de la academia (departamentos de Economía de universidades como Harvard y Columbia) a las agencias de calificación.


¿El resultado del contubernio? Una gran comuna neoliberal en la que todos se acostaban con todos, nadie pedía cuentas a nadie y había un fiestón monetario cada día. Hasta que todo saltó por los aires... Ferguson describe así la juerga: «El fraude a gran escala tomó el corazón del sistema financiero debido a una combinación de desregulación y dimisión de los responsables de hacer cumplir la ley».


El documental acusa a Robert Rubin, vicepresidente de Goldman Sachs (1987-1990), secretario del Tesoro con Clinton (1995-1999) y director del gigante financiero Citigroup la pasada década; Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal con Reagan, Bush, Clinton y Bush Jr.; y Lawrence Summers, secretario del Tesoro con Clinton (1999-2001), presidente de la Universidad de Harvard (2001-2006) y principal asesor económico de Obama hasta septiembre de 2010, de estar a las órdenes del lobby de la banca de inversión cuando ocupaban cargos públicos.


‘Inside Job’ explica cómo frenaron la regulación del mercado de derivados, uno de los productos financieros especulativos que contaminaron los mercados antes del crash. O cómo, en 1999, Summers se dejó convencer por Citigroup (con Rubin en nómina) y Goldman Sachs (dirigida por Henry Paulson, futuro secretario del Tesoro con Bush Jr.) para tumbar restricciones vigentes desde la gran depresión: Summers revocó la ley Glass-Steagall, de 1933, que prohibía a los bancos comerciales jugar a ser bancos de inversión, como explica el actor Matt Damon, que prestó su voz al filme.


El documental también reparte de lo lindo a Henry Paulson, antiguo presidente de Goldman Sachs. Era el gerente mejor pagado de Wall Street cuando George Bush Jr. le nombró Secretario del Tesoro a mediados de 2006. Su sueldo en la Administración pública pasó a ser drásticamente más bajo. Pero no se apuren: Paulson se llevó 50 millones de dólares al cambiar de trabajo (al pasar al Gobierno, tuvo que vender sus acciones de Goldman, operación libre de impuestos gracias a una ley aprobada por Bush). En cualquier caso, el hombre vendió a tiempo: la empresa rozó la quiebra en 2008.

Trileros en la zona.
El nombre de Paulson se asocia también al timo de las célebres hipotecas subprime. En abril de 2010, Goldman Sachs fue acusada de fraude por la Comisión del Mercado de Valores de EE.UU. por sus maniobras previas al crash financiero. La estafa consistía en cobrar dinero de los especuladores a cambio de colocar a sus clientes hipotecas subprime cuando Goldman ya sabía que este producto financiero no valía un duro debido al estallido de la burbuja inmobiliaria. «Estos valores son una mierda», escribió un vendedor de Goldman en un mail cómico enviado a un compañero en esa época. Hablando en plata: la empresa estaba vendiendo mierda a sabiendas. Y aún hay más: «Goldman empezó a apostar en el mercado contra estos productos mientras los vendía a sus clientes como inversión», se cuenta en el documental. Es decir, cuando el producto perdía valor, Goldman ganaba dinero. Mientras, el cliente al que le había colocado el engendro financiero, lo perdía todo. Chorizos, trileros, mangantes… pueden llamarlos como ustedes quieran.


‘Inside Job’ recuerda también que las agencias de calificación dieron su nota más alta (AAA) a las hipotecas subprime meses antes de que se convirtieran en basura. Una práctica, al parecer, habitual: en febrero de 2007 premiaron a la banca islandesa con otra triple A… Sí, fallan más que una escopeta de feria, pero es que, si hacemos caso al filme, se trata de fallos muy lucrativos…


Conclusión: ‘Inside Job’ es la historia de un crimen perfecto. El Estado rescató con dinero público a las empresas corruptas. Los responsables del fraude no fueron a chirona, regresaron a casa con los bolsillos llenos y hasta se recolocaron en el Gobierno. ‘Inside Job’ viene a hacer un poco de justicia poética porque, de la otra, nada de nada.

«Obama ha preferido mirar hacia otro lado».
Cuando el documentalista Charles Ferguson (1955) llegó al Festival de Cannes, hacía sólo diez días que había acabado ‘Inside Job’. No obstante, entonces ya era consciente de que había rodado una bomba de relojería, aunque quizás no esperaba que tuviera tanta repercusión. ‘Inside Job’ se estrena el viernes en España tras ganar el Oscar al mejor documental.


- La lista de peces gordos entrevistados en el filme es impresionante: Straus-Kahn, Paul Volcker, George Soros, Scott Talbott, Martin Feldstein… Más de uno se arrepentiría de haber aceptado su invitación, ¿verdad?
- En efecto (risas). Varios me escribieron después diciendo que se retractaban, que anulaban su participación, pero ya no podían hacer eso: me habían dado su consentimiento escrito para entrevistarles y utilizar el metraje en el filme.


- Los entrevistados reaccionan de diversas maneras cuando usted los pone en apuros. Algunos parecen perplejos al escuchar sus acusaciones. ¿Le sorprendió alguna reacción en concreto?
- Me sorprendió mucho la reacción de perplejidad de Frederic Mishkin. Fui a la entrevista con información detallada sobre su conflicto de intereses. Lo que no sabía era lo increíblemente ignorante que era de haber hecho algo inapropiado. Me quedé en shock al ver su estupefacción.


- ¿Le sorprendió que aceptaran ser entrevistados por usted?
- En algunos casos, mucho. David McCormick (secretario de Asuntos Internacionales en el Departamento del Tesoro entre 2007 y 2009), por ejemplo, me conoce desde hace unos diez años. No es que no supiera quién era yo. Sabía quién soy y cómo pienso. Había visto mi primer filme (‘No End in Sight’, sobre la ocupación estadounidense de Irak). Sabía que tenía una visión crítica.
- ¿Por qué lo hizo entonces?
- Creo que tanto él como el resto no están acostumbrados a que los periodistas les pongan en tales aprietos. Me refiero sobre todo a los reporteros que cubren la información gubernamental en medios como The Wall Street Journal. Saben que tienen que ser amables con la gente de la Casa Blanca porque de otra manera no conseguirán acceder a determinadas entrevistas y fuentes.
- Su película es extremadamente dura con la actitud del presidente Barack Obama, al que acusa de haber contratado como asesores económicos a algunos de los responsables de la crisis.
- Yo contribuí a la campaña de Obama. Antes de las elecciones, Obama hizo muchas referencias críticas a Wall Street y los responsables de la crisis. Recuerdo perfectamente el día que eligió a su equipo económico. «Oh, cielos pensé son otra vez los mismos tipos». Tras esa decisión no fue ninguna sorpresa que no hiciera nada por perseguir a los responsables. Incluso visto desde un punto de vista cínico de puro electoralismo, creo que Obama cometió un error al mirar hacia otro lado. Y va a pagar políticamente por ello. Evidentemente hubiera perdido el apoyo del sector financiero, pero habría ganado un gran respaldo popular.
- ¿Qué haría si fuera usted el presidente?
- Despedir a todos esos tipos. Hay que acabar con esa superstición que nos hace creer que sólo individuos provenientes de los grandes conglomerados financieros pueden asesorar al Gobierno sobre economía. En EE.UU. sobra gente preparada y con las manos limpias para hacer ese trabajo. También metería mano en las agencias de calificación, en el mercado de los derivados… Hay muchas, muchas, muchas cosas que habría que regular en la economía de nuestro país.

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