lunes, 3 de octubre de 2011

El niño de los cromos


Lo segundo que más abunda en El Parral en Burgos son los árboles, que pueden contarse por docenas. Después creo que irían las papeleras, que también hay muchísimas, además de contenedores de todo tipo; estoy seguro de no hay ningún sitio del parque desde donde no pueda verse una, con lo que, te encuentres donde te encuentres, el tiempo empleado en desplazarte para tirar cualquier cosa donde es debido supone escasos segundos. Pero el primer lugar del escalafón, sin duda alguna, lo ocupan irremediable y orgullosamente los idiotas: ya sea fruto del destino, de los genes, de la sociedad o de la educación, hay gente que, simple y llanamente, es imbécil. Así, no hay día en que uno no pueda deleitarse con la vista de un vehículo a motor transitando por el interior del Parque, y no solo por los caminos de grava, mal que bien algo habilitados para la circulación en caso de necesidad, sino también “campo a través”, que mola mucho más. También es rara la jornada en la que no se celebre algún tipo de comida, merienda, cumpleaños, chuletada, etc., eventos en los que el hecho de dejarlo todo limpio y tal como estaba antes de llegar es más la excepción que la norma.
Además, El Parral se ha convertido de hecho (que no de derecho) en el lugar oficial de reunión de un gran número de botelloneros de la ciudad; cada cual con su hígado que haga lo que estime más conveniente, pero no consigo entender cuál es la razón que lleva a estos energúmenos a arrojar directamente al suelo todos los desechos procedentes de su actividad de ocio. Es cuando menos alarmante observar cómo, teniendo por un lado las bolsas de la tienda y por el otro las botellas, vasos y demás, los pobres zagales son incapaces de atar cabos y llegar a la conclusión de que las primeras bien podrían ser bastante útiles para almacenar todo lo demás y después llevarlo fácilmente hasta cualquier contenedor.
En este ambiente de estulticia, negligencia y suciedad, con este gran ejemplo de civismo otorgado a las generaciones más jóvenes, es totalmente lógico que a cualquier niño, a la hora de extraer de sus envases los cromos de sus futbolistas preferidos, considere lo más natural del mundo ir dejándolos por el suelo a su paso, cual Pulgarcito contemporáneo, sembrando todo el Parque con estos pequeños sobres azules que, junto con la infinidad de restos de vidrio, plástico y metal, configuran el paisaje actual de uno de los antaño más bellos enclaves de nuestra ciudad.

3 comentarios:

Vero dijo...

Aupa!! ese defensor del Parral....

El último que apague la luz dijo...

¡Claro que sí! ¡Hay que cuidarlo bien!

El último que apague la luz dijo...

También me lo han publicado en Diario de Burgos, y han escrito dos personas apoyándome, cosa que no suele suceder.

http://www.diariodeburgos.es/seccion.cfm/Participa/participar/foto/denuncia/0ED00398-F20F-8C66-A67223996D960547?&page=2&count=4