lunes, 2 de abril de 2012

Nueva reforma de educación



Una vez en marcha la estupenda reforma laboral y los espléndidos presupuestos generales del Estado, ya van siendo hora de que demos la bienvenida a D. José Ignacio Wert, flamante nuevo Ministro de Educación, Cultura y Deporte, continuador de la estirpe de grandes lumbreras como Ángeles González-Sinde (ministra que provenía del entorno de las entidades de gestión, merced a cuya presión llegó a donde llegó y con quien Wert comparte el honor de aportar su nombre a la famosa ley antipiratería, aunque fuera auspiciada por Joe Biden, vicepresidente del los EE. UU., e impulsada por la industria del entretenimiento de dicho país, tal como demuestran las filtraciones publicadas por Wikileaks), César Antonio Molina (el del culebrón de la Biblioteca Nacional), nuestro amado guía Mariano Rajoy (el de los “hilitossshhh”), nuestra no menos adorada lideresa Esperanza Aguirre (conocida por la perfecta ortografía y gramática de sus misivas, amén de por aquel divertido bulo que aseguraba que había felicitado por el premio Nobel a la pintora Sara Mago, que nos dio la oportunidad de conocer alguna faceta más del depravado Salvador Sostres, famoso por sus divertidas ocurrencias en la plural Telemadrid) o Javier Solana (el del “catorceavo”).
Como en el caso de muchos de sus predecesores, uno de los grandes proyectos de este insigne personaje consistirá en una nueva reforma educativa (ya vamos por la decimotercera, perdón, treceava, desde 1970). A muchos les parecerá que dicha reforma, siendo tan perentoria, se está retrasando ya en demasía, pero es que la cosa está difícil. Me informan mis contactos infiltrados en el Consejo de Ministros de que la ley en sí ya está redactada por completo y pactada con el resto de grupos políticos. Sin embargo, si existe un nexo común entre todas las reformas educativas que hemos sufrido los españoles, amén de su inutilidad y del hecho de que estuvieran centradas en temas superficiales, dogmáticos y proselitistas en vez de en mejorar nuestra educación, es que siempre se han buscado unos nombres o siglas llamativos y rimbombantes que demuestren la distinción y elegancia de cada nuevo reglamento.
Y ahí estriba el problema: que tras las LGE, LOECE, LRU, LODE, LOGSE, LOPEG, LOU, LOCE, LOE e incluso LOMLOU, entre otras, nuestro rampante nuevo gobierno se ve en un brete a la hora de encontrar una denominación acorde con el prometedor futuro que se abre ante nuestros ojos. Prometedor futuro, eso sí, para los especuladores, corruptos, estafadores y demás aves de rapiña, que dispondrán de una ciudadanía cada vez más ignorante y embrutecida a la que manipular, engañar y explotar a su antojo. No es por nada que las agencias de calificación tengan un interés especial en que todo recorte se centre especialmente en la Educación (además de en la Sanidad), conscientes de que es el principal pilar del progreso y el desarrollo de cualquier sociedad.
En fin, una vez más seguiremos bajando el listón, abocados a hacer el mayor de los ridículos y a añadir una generación perdida más a nuestra historia.

2 comentarios:

lejosperocerca dijo...

Mi madre decía que con la LOSE nos habían terminado de arruinar. Me pregunto a qué reforma se referiría y sí, estoy de acuerdo con ella: arruinados estamos. Por desgracia.
No quiero pensar en lo que saldrá de los que ahora empiezan en la escuela...
Un saludo

El último que apague la luz dijo...

Pues sí, como diría un afectado por las últimas reformas, hemos salido de Guatemala para entrar en "waterpolo".