viernes, 15 de junio de 2012

¿Llevo al perro o el perro me lleva a mí?

 

Al hilo del ataque del Pit Bull Terrier a un niño de tres años en el parque de Venerables de la ciudad de Burgos, las declaraciones de la madre al diario Gente no hicieron sino corroborar algo por todos sabido: la irresponsabilidad y negligencia de las autoridades, léase en este caso Junta de Castilla y León y Ayuntamiento de Burgos, y fuerzas del orden público. En una carta a la directora de esta publicación en la que relataba los hechos, afirmaba que, al cursar la correspondiente denuncia ante la Junta de Castilla y León, la respuesta fue que «este tipo de perros pueden ir sin bozal porque es legal».

Poco me sorprende a estas alturas que nuestros regidores autonómicos no estén al tanto de la existencia de la Ley 50/1999, de 23 de diciembre, sobre el régimen jurídico de la tenencia de animales potencialmente peligrosos, desarrollado por el Real Decreto 287/2002, de 22 de marzo, así como de la Ley 5/1997, de 24 de abril, de Protección de los animales de compañía, texto en el que está basada la Ordenanza municipal sobre animales de compañía.

Estas normativas regulan el concepto de “perros potencialmente peligrosos”, entre los que se encuentra el Pit Bull Terrier, cuya tenencia, además de la preceptiva licencia, obliga a conducirlos “con cadena o correa no extensible de menos de 2 metros (…), llevando obligatoriamente bozal (…) y observándose cualesquiera otras medidas de seguridad contempladas en las normas.”

   

Sin embargo, tal como relata la madre, este can «iba con su dueña sin atadura alguna y sin bozal; arremetió contra el niño enganchándole por una de sus piernas; el perro traspasó con sus dientes la zapatilla de mi hijo, le destrozó masa muscular del pie y tuvieron que darle seis puntos; fue justificada por la dueña del animal diciendo que “era la primera vez que actuaba de tal forma”».

Y es que eso también es algo por todos sabido: los perros “nunca hacen nada” y, en caso de hacerlo, “es la primera vez”. Lamentablemente para ellos seguramente también sea la última, ya que muchos son sacrificados tras cometer estos ataques. Y ello debido a la imprudencia e irresponsabilidad de sus amos, que no solo no cumplen las normas que implican la tenencia de un animal de ese tipo, sino que tampoco se molestan en educar mínimamente a sus mascotas.

El caso más flagrante y llamativo de estos incumplimientos son los relativos a perros peligrosos y sin amaestrar, pero hay muchos otros aspectos de la regulación que se obvian a diario con la connivencia y complacencia de las autoridades y las fuerzas del orden, siendo quienes las cumplen la excepción que confirma la regla. Raro es el dueño que observa artículos como “los propietarios y poseedores están obligados a evitar molestias e incomodidades para los demás vecinos”, “se prohíbe expresamente la presencia de perros en el interior de zonas ajardinadas y parques infantiles” (aplicable también a este caso), “deberán evitar que estos depositen sus deyecciones y excrementos en la vía pública, jardines y paseos, y en general cualquier lugar destinado al tránsito de peatones”, “cuando no pudieran impedirse dichos actos en la vía pública, se deberán recoger los excrementos de forma inmediata y conveniente, mediante bolsas higiénicas y recogedores o accesorios similares, y depositarlas debidamente empaquetadas en los contenedores de basura o en los lugares que la autoridad municipal designe para estos fines” (me río al leer estos dos últimos, ya que ver a una persona recoger los excrementos de su mascota es un acto de lo más exótico).

Y es que, en general, nos son los dueños quienes llevan a los perros, sino los perros los que llevan a sus “amos”. Para corroborarlo, no hay más que fijarse en la posición de ambos cuando caminan por la calle, quién va delante y quién va detrás, quién arrastra y quién es arrastrado, quién estira la correa ad infinítum y quién lo permite alegremente aunque ello suponga cortar el paso en la vía pública al resto de viandantes e incluso provocar algún accidente.

 

No hay comentarios: