viernes, 27 de julio de 2012

Sobre plagios y suplantaciones


El plagio siempre ha estado de moda. Siempre ha habido novelistas, músicos, etc. que tomaban de aquí y de allá y, en ciertos casos más o menos recientes, utilizaban directamente a los denominados “negros”, algunos de los cuales incluso copiaban párrafos o capítulos enteros, consiguiendo hacer de sus “mecenas” el hazmerreír de la profesión.
Con la popularización de las nuevas tecnologías, lo que era una simple moda ahora está en auge. Las herramientas de edición de texto permiten “copiar y pegar” en un visto y no visto y, merced a internet, cualquier publicación puede encontrarse por doquier en cuestión de segundos.
Hoy en día incluso se “plagia a la inversa”, es decir, se redacta un texto personal y se distribuye por la red atribuyéndolo a algún personaje famoso o influyente. D. Arturo Pérez-Reverte puede dar fe de ello (véanse los famosos textos llamados “¿sois idiotas?” e “indecente” que se reenvían hasta la saciedad), así como D. José Luis Sampedro, en cuya pluma se han puesto palabras bastante malsonantes (si bien probablemente ciertas), impropias de su estilo y educación.
El último ejemplo de plagio se ha podido ver en el número 1291 de XL Semanal, en el cual D.ª Isabel Campos Vega, en su carta titulada “¿Por qué no nos inspeccionan?” se limita a hacer un resumen de la columna “El desprecio político al funcionariado”, publicada por D. Francisco J. Bastida en La Nueva España.
Pese a la amplitud de la información que circula hoy día por internet, esta misma nos proporciona también una gran variedad de herramientas para detectar cualquier tipo de plagio o para realizar búsquedas más detalladas. Teniendo en cuenta que no todo el mundo es lo suficientemente responsable como para no copiar trabajos ajenos o no poner en aprietos a personas que ni siquiera conocen, corresponde a los medios de comunicación la realización de un filtrado previo a cualquier tipo de publicación, labor en la que serían de gran utilidad los añorados correctores de estilo.
De todos modos, poca seriedad demuestran unas páginas en las que más adelante nos encontramos a D. Xosé Pérez Pais repitiendo cual papagayo la trillada consigna de “con mis impuestos pago a los funcionarios” (como si estos no pagaran también impuestos) que, como tantas otras, se repiten machaconamente a diario para que puedan ser utilizadas a placer por elementos sin criterio, argumento ni personalidad.

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