miércoles, 22 de agosto de 2012

Resumen (tardío) de los cien primeros días de gobierno de Rajoy


«En cuanto haya un Gobierno del que la gente diga: me puedo fiar, comenzará la inversión y la recuperación.» (Mariano Rajoy, 9 de noviembre de 2011).


Es evidente pues que este Gobierno no es de fiar, puesto que: Tras un crecimiento del 0,7 % en 2011 con el anterior Gobierno, España ha vuelto a entrar en recesión (perdón, que ahora lo que se lleva es el eufemismo «crecimiento negativo», aunque ronde el 2 %).


La prima de riesgo está por las nubes (463 puntos a día de hoy, tras llegar a unos astronómicos 632 el pasado 23 de julio, con la complacencia de la cadena del torito de Wall Street, que cuando llegó a 180 con el anterior Gobierno la calificó de «insostenible» pero ahora le parece genial que sea más del doble).


La confianza de los consumidores está por los suelos y el desempleo ha subido hasta el 24,4 %, casi tres puntos más que en 2011, pese a haber administrado la panacea de la patronal abaratando el despido hasta el ridículo con su salvaje reforma laboral.


Hemos sufrido una de las mayores subidas de impuestos de toda la democracia, soportada fundamentalmente por las rentas del trabajo y las clases medias (pese a que durante sus años de oposición y en campaña repitieron machaconamente que harían justo lo contrario), mientras que los defraudadores han recibido como regalo una estupenda amnistía fiscal.


Se ha eliminado el Ministerio de Ciencia e Innovación, traspasándose sus competencias a una secretaría de Estado y recortando en 600 millones de euros las ayudas a la I+D+i. Ya estábamos a la cola del mundo civilizado en inversión en investigación y ahora la dejamos por los suelos cuando más falta hace, mientras deberíamos centrarnos en que otros países compren nuestros desarrollos, no en convertirnos en atrasados importadores. Está claro que la política económica de este Gobierno está basada en volver a toda costa a fórmulas insostenibles como la del ladrillazo (sirva como ejemplo la nueva Ley del Suelo Litoral, que va a sustituir a la antigua Ley de Costas para convertir en urbanizables los espacios naturales más valiosos de nuestro territorio, con la peregrina excusa de que supuestamente va a generar empleo, cuando la explosión de la burbuja inmobiliaria ya ha dejado claro que ese modelo económico es pan para hoy y hambre para mañana), en dar vía libre a los especuladores financieros y en que los españolitos nos vistamos de toreros y de sevillanas para poner copas a los turistas, todo ello en lugar de seguir apoyando sectores estratégicos y con tanto futuro como el de las energías renovables, en el que España era (o fue, a estas alturas) referente en el mundo. (Este caso es más lamentable si cabe, teniendo en cuenta que lo que se está recortando de las renovables se está destinando a la energía nuclear, algo ridículo teniendo en cuenta que la mayoría de países civilizados están haciendo justo lo contrario y que el precio de nuestra energía está subiendo sin parar en los últimos meses).


La Sanidad Pública ha involucionado a niveles del siglo XIX. El deterioro producido por los recortes, con el consiguiente retroceso en la calidad de los servicios, ya está mostrando patentes consecuencias negativas sobre la salud de las personas.


Ningún presidente del Gobierno ha destruido avances y derechos en España como lo ha hecho el Sr. Rajoy en tan solo cien días.

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