sábado, 15 de septiembre de 2012

Burgos 2016… La resaca

Cuando ha pasado más de un año de aquella decisión que hizo que algún conocido político burgalés sin saber estar nos deleitara con sus intempestivos aspavientos, en la ciudad que desde el minuto uno de partido era clara favorita a ser elegida capital cultural europea 2016 seguimos lamiéndonos las heridas buscando pretextos en supuestas conspiraciones judeo-masónicas, plagiando logotipos y añadiéndoles lemas absurdos (el hashtag #vomitaesburgos fue mucho más popular durante nuestras fiestas patronales debido al estado en el que se encontraba la ribera del Arlanzón a la altura del botellódromo oficial del Museo de la Evolución Humana), y compensando nuestra frustración optando a cuanta capitalidad se ponga a tiro (capital gastronómica en 2013, arqueológica en 2014, etc.)


Se echa en falta sin embargo un mínimo de autocrítica, que quizá nos llevaría a comprender que Cultura (con mayúscula) no consiste únicamente en tener una catedral y un museo y pretender que nos hagan todo el trabajo, sino algo más parecido a la definición que podemos encontrar en el DRAE (‘conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico’; ‘conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.’) De este modo nos daríamos cuenta de que tenemos un sobresaliente en desarrollo artístico (por herencia más que otra cosa), un notable en desarrollo industrial y un aprobado en desarrollo científico, pero cateamos estrepitosamente en modos de vida, costumbres, conocimientos y juicio crítico.


Quien quiera entender por qué unas ciudades son capitales culturales, otras capitales verdes y otras… pues eso, no tiene más que hacer una excursión de un par de cientos de kilómetros para ver cómo unos ciudadanos cuidan lo que es suyo, lo que es de todos, mientras que aquí destrozamos lo que consideramos que no es de nadie. En Burgos tenemos materia prima más que suficiente para ser lo que nos dé la gana ser: capital verde y cultural mundial… o capital de la basura. Por el momento estamos poniendo todos nuestros esfuerzos en lo segundo. Podemos degradar lo que tenemos hasta convertirlo en un vertedero, o bien cuidarlo para poder seguir disfrutándolo durante muchos años en las mejores condiciones posibles. Podemos llenarlos la boca hablando de nuestros derechos, o bien dejar un poco de sitio también para nuestros deberes y responsabilidades. Podemos disfrutar de nuestros parques más bonitos y dejarlo todo limpio y recogido, tal como estaba antes de llegar nosotros (como es nuestro deber y responsabilidad), o bien dejar allí mismo toda la basura (como creemos erróneamente que es nuestro derecho). Después de todo, como no es nuestro, alguien la recogerá…


…O no.

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